En lo que constituye un giro inesperado para muchos analistas internacionales, el peso argentino ha escalado posiciones en el ranking de divisas emergentes. Con una apreciación real del 10,3% frente al dólar desde enero -ajustada por inflación- supera a monedas como el real brasileño y el rand sudafricano. Este desempeño inusual se produce en medio de un estricto control cambiario y políticas monetarias contractivas. Detrás de esta fortaleza relativa hay varios factores en juego. Por un lado, el superávit comercial récord de los últimos meses, que inyectó más de USD 8.000 millones al sistema financiero. Por otro, las altas tasas de interés en pesos (actualmente por encima del 80% anual) que desincentivan la demanda de dólares. ‘Es un escenario paradójico donde la moneda gana valor en términos reales, pero en un contexto de recesión económica’, explicó la jefa de investigación de Mercados Emergentes en Banco Santander. El Ministerio de Economía ya habla de ‘estabilización cambiaria’, aunque economistas independientes piden cautela. ‘Este fortalecimiento es frágil y depende de que se mantengan los controles y el superávit fiscal’, advirtió un informe de la Universidad Torcuato Di Tella. Mientras tanto, los exportadores comienzan a sentir el impacto: cada peso más fuerte reduce sus márgenes de ganancia.
