SOY UNA DESAPARECIDA


Por Estefanía Gómez (*)


Me sitúo en un 24 de marzo de 1976, soy militante de un partido, soy sindicalista, soy mamá de un militante, de una estudiante de sociología, soy miembro de un centro de estudiantes en una escuela secundaria…soy una desaparecida.

Hace cuarenta y dos años, sucedió la noche más oscura y larga de nuestra historia que comenzó un 24 de marzo de 1976. Hacía falta ser culpable de nada para transformarse en un desaparecido. Siete años de horror, violencia, terrorismo de estado, violación de derechos intrínsecos al ser humanos, siete años que, aunque no los haya sufrido, me niego a olvidar.

En el año 2002 se promulgó por Ley al 24 de marzo como el Día de la Memoria, Verdad y Justicia, esta proclamación tuvola intención de volver al pasado, reconstruirlo, revivirlo, pensando que las grandes calamidades son siempre aleccionadoras y, como contraste, pensar que la democracia es la única forma de gobierno capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, solo con la bandera de la democracia es que podemos y debemos mantener a salvo nuestros derechos humanos.

No me quedan dudas de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia argentina, y la más salvaje, sin embargo, sean 1 o 30.000 los muertos, los perseguidos, sean 1 o 30.000 a quienes el estado les niegue el derecho a la integridad personal, el derecho al proceso, el derecho a la identidad, a la educación, nunca estará a salvo la democracia si desde el mismo Estado se violan nuestras garantías constitucionales.

Hoy, 24 de marzo y cada día de mi vida me niego a olvidar que aún hay cerca de trescientas familias y millones de argentinos que no descansan la búsqueda de los nietos secuestrados durante la última dictadura militar. Hoy, vuelvo a esperar ese milagro que sucederá pronto, cuando nos anuncien que han recuperado a otro, en ese preciso instante siento el triunfo de la Memoria, Verdad y la Justicia, que se desploman cuando me entero que han liberado a un genocida.


(*) Docente.