Ayer, un patriarcado que nos decía cómo ser mujer. Hoy, un feminismo que humaniza y sensibiliza


Por Agustina Wilson (*)


Y de niñas, entre nuestros juguetes estaban vestidos de princesas, bebes Yoly Bell y cuentos de hadas. Y sin notarlo, nos asignaban un rol en la sociedad, un debe ser, mandatos que, al ser trasmitidos desde tan temprana edad, ni siquiera podíamos disentir o cuestionar y junto a estos juegos, las actividades que nos marcaban a futuro, nuestra deber como amas de casa y promotoras de cuidados.

De pensar sobre la historia universal, es una historia de hombres, escrita por hombres, la mujer, aparece en esporádicas ocasiones, la figura de María, en la Biblia, Cleopatra y Nefertiti en Egipto, Helena en la mitología griega, Isabel de Castilla y las expediciones de Colón, Elizabeth, quien llevo a Inglaterra al esplendor, o como brujas perseguidas y quemadas en hogueras durante la edad media europea, siendo el caso más destacado, Juana de Arco.

Desde el siglo XX, los nombres femeninos se hacen más presentes, Marie Curie, pionera en el campo de la radioactividad, Ana Frank, y el relato de lo vivido durante la 2° guerra mundial, Eva Perón y la lucha por la justicia social y el voto femenino en nuestro país, son algunas de las mujeres más destacadas del pasado siglo.

Pocos nombres de mujer, para tanta historia. “No se nace mujer, se llega a serlo” escribió Simone de Beauvoir en el 59, desde el feminismo existencialista, afirmando que el ser humano no es una esencia fija, sino existencia, proyecto, trascendencia, autonomía, libertad y denunciaba la dominación y sumisión de la mujer, ante un patriarcado aún muy consolidado.

El patriarcado comenzó a ser cuestionado, con mujeres que salieron a trabajar y sostener hogares, comenzó a resquebrajarse la idea del hombre como única autoridad familiar y dueño del patrimonio, entre ellos bienes, esposa e hijos. El feminismo, denuncio el dominio y opresión del hombre sobre la mujer.

En el presente, las mujeres, sabemos que podemos disentir sobre estos roles que el patriarcado nos manda, que las tareas hogareñas, si se reparten, alivianan un poco nuestras responsabilidades, que el cuidado de los niños y niñas, pueden ser compartidos sin sentir culpa, que podemos estudiar, trabajar y dedicar un tiempo al gimnasio y tardes de mate y charla con amigas, sin que eso signifique ser mala madre o esposa.

Pero, lo que hoy parece una obviedad, no lo fue para nuestras madres y abuelas, sino que es el resultado de luchas feministas, luchas por ser consideradas iguales, por nuestros derechos, por igual paga ante igual trabajo, por votar, por poder acceder de igual manera a cargos jerárquicos, que sólo eran solo reservados para hombres, por acceder a estudiar todo tipo de carrera, y que no hay tareas exclusivas de hombres o de mujeres.

Aún hoy, hay mucho porque luchar, porque aún hoy nos matan, aún hoy escuchamos que se justifican atrocidades cometidas hacia las mujeres, con frases como “pero ¿porque andaba sola hasta tan tarde?”, “no debía vestirse así”, frases que lastiman, frases de una cultura machista, que nos entiende como objeto, como cosa, como mercancía.

Ante la violencia, ante la muerte, el NI UNA MENOS, surgido desde el dolor, desde la resistencia, desde la desesperación, nosotras, las mujeres, gritamos basta, visibilizamos la violencia machista para denunciarla, una vez más y cada vez que sea necesario.

Nuevamente, un 8 de marzo, reivindicamos la igualdad de derechos e igualdad de condiciones ante los hombres y celebramos el Dia Internacional de la mujer trabajadora, en homenaje a las 140 mujeres fallecidas en la fábrica de Nueva York, mientras reclamaban mejores condiciones laborales;y por la huelga de mujeres, realizada en Rusia en 1917, que obligo al zar Nicolás II a abdicar,y en consecuencia, el derecho al voto. Continuamos este legado de lucha, como mujeres y lo transmitimos a nuestras hijas.

Ante el odio, el amor. Ante la violencia, la paz. Ante la intensión de convertirnos en objeto, nosotras, como sujetos, con humanidad, sensibilidad. Ante el machismo, más feminismo. La igualdad y fortaleza ante la sumisión y el sometimiento.

Y a nuestros compañeros hombres, a quienes comprenden, a quienes nos ven como iguales en derechos, y entienden y son sostén en nuestras luchas, gracias.

Mujer, mujer que lucha, que ama, que cuida, que trabaja, que estudia, que vive, feliz día.

Fuentes consultadas: www.mujeresenred.net; www.perfil.com/sociedad

(*) Docente, militante política, y trabajadora en peaje (AUBASA)