«Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera«. Lo que el poeta argentino José Hernández no podía imaginar cuando escribió esos versos del Martín Fierro a fines del siglo XIX era que las grandes migraciones del siglo siguiente harían de la identidad nacional algo mucho más poroso y negociable. Incluso al interior de una misma familia.

Esa tensión tendrá su escenario más concreto en el Mundial 2026: los estadios de Estados Unidos, Canadá y México serán testigos de una paradoja familiar. Serán cuatro las parejas de hermanos que llegarán a la Copa del Mundo unidos por la sangre, pero separados por los colores de las camisetas que defenderán.

El mundo futbolístico ya tuvo un anticipo de esta situación el jueves pasado, cuando los hermanos Doué se enfrentaron en el amistoso entre Francia y Costa de Marfil disputado en Nantes. En la victoria de los «Elefantes» por 2 a 1, Guéla anotó uno de los goles del conjunto africano ante la atenta mirada de Désiré, que permanecía sentado en el banco de suplentes galo. Al final del partido, los dos salieron del campo abrazados.

Los hermanos Doué: una historia que comenzó de a dos

Nacidos en la ciudad francesa de Angers en el seno de una familia trabajadora, el inicio en el fútbol de los hermanos Doué fue de a dos. Su padre Maho, de origen marfileño, les organizaba entrenamientos técnicos y físicos desde que eran pequeños, y fue esa dedicación temprana la que forjó el vínculo entre ambos. «Mi hermano pequeño siempre ha estado a mi lado; crecimos juntos. Yo le marco el camino y él viene detrás. Queremos demostrar hasta dónde puede llegar la familia Doué«, explicó en una de sus primeras entrevistas Guéla, quien nació dos años y seis meses antes que Désiré.

Y no fue casual que la puerta de entrada al fútbol profesional también haya sido en tándem: luego de que Guéla tuviera una prueba exitosa en las inferiores del Stade de Rennes, los responsables del club francés repararon en que Désiré estaba al costado del campo haciendo malabares y acrobacias con la pelota. Fue entonces cuando los entrenadores de la cantera decidieron incorporarlos a ambos.

Años después, los Doué comenzaron a dejar su huella en Francia, aunque sus caminos se fueron dividiendo tanto en estilo de juego como en trayectoria. Mientras Guéla se consolidó como uno de los laterales derechos más sólidos de la liga francesa en el RC Strasbourg, Désiré explotó como una de las joyas ofensivas más destacadas del mundo con actuaciones estelares en el Paris Saint-Germain, club con el que conquistó dos Champions League y donde firmó una actuación memorable en la final de la temporada 2024/25 al convertirle dos goles al Inter de Milán.

Esa bifurcación también se reflejó a nivel internacional: Désiré eligió representar al país donde nació, mientras que Guéla prefirió vestir la camiseta de Costa de Marfil en honor a su padre. El seleccionador marfileño Emerse Faé lamentó no haber podido convencer a Désiré de sumarse a los «Elefantes», pero no ocultó su satisfacción por contar con Guéla: «Las conversaciones fueron muy, muy rápidas porque sentimos de inmediato una sinceridad en su deseo de jugar para Costa de Marfil. Fue una elección del corazón. Cuando ves hoy lo que Guéla aporta al equipo, te das cuenta de que no nos equivocamos: es un jugador que defiende estos colores con corazón y amor».

Los Williams: del Sahara al Athletic de Bilbao

Otra de las historias de hermanos jugando para distintas selecciones en esta Copa del Mundo tiene como protagonistas a Iñaki y Nico Williams: el primero representará a Ghana, mientras que el segundo hará lo propio con España. En 1994, sus padres, Félix Williams y María Barter —embarazada de Iñaki—, huyeron del país africano a causa del estallido de una guerra civil. Durante el trayecto, caminaron por el desierto del Sahara sin zapatos y lograron saltar la valla fronteriza de Melilla. Sin embargo, fueron detenidos por las autoridades migratorias españolas y un abogado les aconsejó solicitar asilo político alegando provenir de un país en guerra.

Finalmente lograron radicarse en Bilbao, donde Iñaki nació en 1995. Nico llegó ocho años más tarde. Ambos construyeron sus carreras en el Athletic Club, donde conforman una dupla letal en el ataque del equipo vasco. Juntos, los hermanos Williams llevaron a los rojiblancos a ganar la Copa del Rey 2023-24, rompiendo una sequía de 40 años del club vizcaíno sin levantar dicho trofeo. De hecho, Iñaki se convirtió en un símbolo y capitán del equipo, donde ostenta un récord mundial: jugó 251 partidos consecutivos en la liga española ya que no sufrió lesiones ni sanciones entre 2016 y 2023.

En 2022, el más grande de los Williams recibió el llamado de la selección ghanesa a pesar de haber jugado 30 minutos para España en un amistoso contra Bosnia en 2016. “Ha llegado el momento de encontrarme con mis raíces, conmigo mismo y con todo lo que África y Ghana significan para mí. Quiero devolver una pequeña parte de lo que nos han dado y de todo lo que han contribuido a mi formación como persona, hijo y hermano. Comienza un gran reto. A partir de hoy defenderé la camiseta de Ghana con mis valores por bandera, dejándome la piel cada minuto y dando siempre lo mejor de mí, soy uno más de los Black Stars”, declaró Iñaki en sus redes sociales al anunciar su decisión de representar al país africano.

Ese mismo año, las destacadas actuaciones de Nico en La Liga provocaron que fuera citado al Mundial de Qatar por Luis Enrique, en aquel momento director técnico de España. “Yo tomo mis decisiones y él ha de tomar las suyas. Obviamente que me hubiera gustado poder jugar con él. Pero cada uno elige su camino. Él ha tomado esta, la respeto y la voy a apoyar siempre”, indicó en su momento el menor de los Williams, que este año volverá a ser parte de una Copa del Mundo.

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Luckassen y Brobbey: misma familia, apellidos distintos

La selección ghanesa también está involucrada en otro de los casos de hermanos que representarán a selecciones diferentes durante la próxima cita mundialista. Los personajes de esta historia son Derrick Luckassen, que vestirá la camiseta de las “Black Stars”, y Brian Brobbey, que representará a los Países Bajos. Ambos son hijos de un matrimonio ghanés que se mudó a Ámsterdam durante la misma guerra civil que afectó a los Williams y sus elecciones comenzaron a ser distintas desde pequeños: Derrick —el mayor— decidió llevar el apellido de su mamá, mientras que Brian —el menor— eligió el de su papá.

De esta pareja de hermanos, Brobbey es el que goza de mejor actualidad: juega en el Sunderland de la Premier League y es un centrodelantero potente de gran capacidad goleadora: marcó ocho goles en 33 partidos en el fútbol inglés durante la última temporada. Una acción específica del atacante neerlandés durante esta temporada puede repercutir en el futuro de la Selección Argentina: un empujón suyo provocó la lesión del Cuti Romero, que lo hace llegar al límite físicamente al Mundial. Por su parte, Luckassen juega como defensor central y se sumó a última hora a esta Copa del Mundo para reemplazar a Alexander Djiku, quien sufrió una lesión en la antesala de la competencia.

Los Souttar: la convocatoria que cambió todo

El último caso de hermanos jugando para distintas selecciones nacionales tiene como protagonistas a los hermanos John y Harry Souttar: ambos son defensores centrales y nacieron en Aberdeen, la tercera ciudad más grande de Escocia. En esta dupla fraternal, John defiende la camiseta de su país de nacimiento y Harry representa al país de su madre, Australia.

El trasfondo de la decisión de los Souttar tiene una particularidad. John asomaba con una mayor proyección que su hermano y se desempeñaba como titular en el Rangers FC, uno de los clubes más grandes de Escocia; Harry —dos años menor— navegaba por el ascenso inglés sin destacarse. Sin embargo, el menor de los Souttar recibió un inesperado llamado de los “Socceroos” en 2021 y, sin haber pisado jamás suelo australiano, aceptó la propuesta esperando que beneficie a su carrera. El tiempo le dio la razón a Harry, quien comenzó a hacerse fundamental en la estructura defensiva de Australia y ya lleva más de 35 partidos internacionales representando al país oceánico.

El antecedente: los Boateng, una rivalidad sin abrazos

El antecedente más emblemático de este fenómeno lo protagonizaron los hermanos Boateng, quienes se midieron cara a cara en dos citas mundialistas consecutivas: Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Ambos retirados en la actualidad, Jérôme representaba a Alemania y Kevin-Prince a Ghana. Los Boateng tenían la particularidad de tener una relación de hermandad conflictiva y marcada por la tensión.

Los hermanos Boateng nacieron en la década de los 80 en el oeste de Berlín y el cisma en su vínculo se profundizó luego de la separación de sus padres. Esta ruptura provocó que los hermanos se criaran en ambientes completamente distintos: Kevin-Prince creció junto a su madre en un barrio humilde de Berlín; Jérôme creció con su padre en un entorno más acomodado y con mayor estabilidad económica. Hace unos meses Kevin-Prince se sinceró sobre su relación con Jérôme durante una entrevista y señaló: “Nunca tuvimos buena relación porque éramos muy opuestos”.

Cuando los hermanos juegan juntos

Pero no todos los vínculos fraternales en este Mundial obedecen a esta lógica: también hay tres casos de hermanos que compartirán plantel en esta Copa del Mundo. Los más conocidos a nivel internacional son los hermanos Lucas y Theo Hernández, ambos defensores que juegan en la Selección Francesa. De perfil más físico y de marca, Lucas fue campeón del mundo en 2018; Theo, por su parte, cuenta con más despliegue y presencia ofensiva en el lateral izquierdo, siendo recordado por un golazo que le marcó al Atalanta con la camiseta del Milan al Atalanta luego de una corrida con balón dominado durante 80 metros y que le valió una nominación al Premio Puskas 2022.

Dos de las selecciones debutantes en esta Copa del Mundo también tendrán presencia fraternal en sus equipos. Una de ellas es Curazao, que tiene a los hermanos Bacuna como pilares fundamentales en la mitad de la cancha. Leandro, el mayor, es el capitán y organizador del equipo, y ostenta el récord histórico de presencias de la selección isleña.

Por su parte, Cabo Verde presenta a Laros y Deroy Duarte, una dupla de volantes neerlandeses que llegaron a jugar juntos en el Sparta de Rotterdam e incluso llegaron a jugar juntos en los seleccionados juveniles de la Naranja Mecánica. Ahora harán lo mismo, pero representando al país de sus raíces familiares.

Quizá José Hernández tenía razón, aunque no de la manera que imaginaba. La unidad de estos hermanos no se mide por el escudo que llevan en el pecho ni por el himno que entonan antes de cada partido. Se mide en otra cosa: en un abrazo al final de un amistoso en Nantes, en una carrera construida de a dos desde la infancia, en un padre que cruzó el Sahara para que sus hijos pudieran jugar al fútbol en el país que los recibió. El Mundial 2026 reunirá todas esas historias al mismo tiempo. Como en El Aleph de Borges, ese punto del universo donde conviven todos los puntos a la vez, la próxima Copa del Mundo contendrá, sin contradicción, a hermanos que son de aquí y de allá, de una bandera y de otra. Hermanos unidos, después de todo.