Parado en uno de los costados del mítico estadio de Wembley, contemplando a la masa que se desconcentraba masticando bronca, el entrenador japonés Hajime Moriyasu (57) no pudo contener la emoción. Las lágrimas no le cayeron, pero en su rostro se percibía la conmoción. No era para menos: su equipo, la selección nipona, acababa de derrotar 1-0 como visitante a la Inglaterra de Thomas Tuchel. La escena ocurrió el pasado 31 de marzo.
“Hace 36 años me fui a probar unos días a Manchester United y todos ahí se sorprendían al verme. ‘¿Juegan al fútbol en Japón?’, me preguntaban con ironía. Y miren dónde estamos hoy. Japón es un habitual de las Copas del Mundo y tiene la fuerza necesaria para competir contra todos. Cuando los japoneses se fijan una meta, la alcanzan. Realmente lo creo”, sostuvo Moriyasu, enviando un mensaje hacia adelante.
No son pocos los que sostienen que Japón será uno de los grandes protagonistas del Mundial: debuta este domingo desde las 16 en Dallas desde las ante Países Bajos. Sin ir más lejos, Lionel Scaloni es uno de los que apuesta por los asiáticos. El entrenador campeón del mundo habló de diez candidatos en la última conferencia de prensa y los nipones integran esa selecta lista. ¿En qué se sostiene esa creencia? En las estadísticas que ofrece el conjunto comandado por Moriyasu, que no perdió ante equipos europeos desde que asumió en agosto de 2018.
Moriyasu tuvo una aceptable carrera como futbolista durante 15 años, aunque nunca pudo jugar en el exterior. Luego dirigió con éxito a Sanfrecce Hiroshima hasta que le llegó la chance de trabajar con las juveniles japonesas. Sus buenos resultados lo catapultaron a la selección mayor en reemplazo de Akira Nishino, quien fue despedido tras Rusia 2018.
Japón desfiló en las Eliminatorias Asiáticas y se convirtió en el primer clasificado al Mundial, producto de siete victorias, dos empates y una derrota (anotó 30 goles y solo le marcaron tres).
La evolución del fútbol nipón es visible, y la emigración de sus futbolistas puede ser parte de la explicación de su notable presente. Un dato avala la sentencia: 23 de los 26 citados para el Mundial juegan en Europa. Los casos más resonantes son los de Hiroki Ito (Bayern Múnich), Ko Itakura (Ajax), Takehiro Tomiyasu (Ajax), Daichi Kamada (Crystal Palace), Takefusa Kubo (Real Sociedad), Ritsu Doan (Eintracht Frankfurt), Keito Nakamura (Stade de Reims), Daizen Maeda (Celtic), Ayase Ueda (Feyenoord) y Yuito Suzuki (Friburgo). La mala fue que el capitán Wataru Endo (Liverpool) tuvo que ser desafectado por lesión y, acto seguido, se retiró del fútbol.
El orden y el colectivismo son dos rasgos sobresalientes de la cultura japonesa y, como muchas veces se juega como se vive, la selección es disciplinada y solidaria. También puede plantarse en cancha con distintos sistemas tácticos. Eso sí: la postura que más le gusta es la contragolpeadora.
Y no le va mal a Moriyasu con su método: ganó 73 de los 104 partidos que dirigió, con 14 empates y 17 caídas. La estadística más impactante, sin embargo, es su invicto ante rivales de Europa: ganó 8 e igualó uno. ¿A quiénes venció? 1-0 a Inglaterra, 1-0 a Escocia, 4-2 a Turquía, 4-1 a Alemania, 1-1 con Croacia, 2-1 a España, 2-1 a Alemania, 1-0 a Serbia y 1-0 a Islandia. ¿Técnicos a los que doblegó? Luis Enrique, Hansi Flick y Thomas Tuchel.
Otra victoria resonante fue el 3-2 contra Brasil, ya con Carlo Ancelotti en el banco. “Creo que tenemos la calidad para llegar a cuartos de final de un Mundial. Después de eso, quién sabe si ganaremos o perderemos. El hecho concreto de que podamos decir eso de Japón, independientemente del rival, es realmente increíble. Hasta ahora, cada vez que jugábamos contra un equipo campeón del mundo, se daba por hecho que perderíamos. Ahora nadie sabe si ganaremos o perderemos”, se entusiasmó Moriyasu.
Y fue más allá, desde el mítico Wembley de Inglaterra: “Teniendo todo esto en cuenta, creo que está bien que nos fijemos como objetivo ganar la Copa del Mundo”.
A Japón le llegó el momento de demostrar que está para cosas grandes. En Dallas y ante los ojos del mundo, pone en juego su invicto ante europeos contra Países Bajos, el rival más duro del grupo.
