Cuando Nicolás Otamendi pise el próximo martes el estadio de Kansas City entrará a un selecto grupo junto a Diego Armando Maradona, Javier Mascherano y Ángel Di María. Será su cuarto Mundial con la camiseta de la Selección Argentina y, a sus 38 años, el que anunció que será su despedida. Solo Lionel Messi le quedará por encima, con seis. Por eso, no se pone colorado cuando reconoce que intenta disfrutar «cada momento en el día a día», tanto de la concentración como de los entrenamientos. Hoy, como el Comandante de la Scaloneta, se perfila para iniciar como titular y muestra el mismo hambre que aquel 22 de junio de 2010, cuando jugó su primer encuentro mundialista en Sudáfrica y era apenas un juvenil que había hecho sus primeras armas en Vélez.
«La Selección es algo muy importante en lo personal», reconoció en el arranque de su charla con Clarín. Es que muchas veces fue su refugio, su faro de resiliencia. De aquella imagen como lateral derecho fallido en los cuartos de final contra Alemania en el Sur de África, a la ausencia en Brasil 2014, sufrir los desplantes de Jorge Sampaoli en Rusia 2018 y alcanzar la inmortalidad en este ciclo impactante.
Foto Juano Tesone / Enviado especialal – CLARINSe volvió fundamental por su temperamento, pero también por su ascendencia en el grupo. Bicampeón de la Copa América (2021-2024) y campeón del mundo en Qatar 2022, el marcador central que acaba de firmar con River para cerrar su carrera en Argentina tendrá un testamento soñado con la camiseta albiceleste.
Podría cerrar esta Copa del Mundo dentro del Top 5 de jugadores argentinos con más partidos en esta competencia. Tiene 14 (igual que Gonzalo Higuain y Jorge Burruchaga), está a dos de Oscar Ruggeri, a cuatro de Ángel Di María y Mario Alberto Kempes, y solo por detrás de Messi (26), Maradona (21) y Mascherano (20). Todavía no hizo goles (tiene ocho con la Albiceleste pero no en Mundial), pero quiere llenar ese casillero.
En presencias con la Selección está quinto gracias a sus 131 encuentros, aunque no podrá llegar a Javier «Pupi» Zanetti que tiene 142.
Pasaron los amistosos de la gira previa por College Station, Texas, y Auburn, Alabama, dos ciudades universitarias que sirvieron -más allá de lo futbolístico- para ir sumando millas con el grupo, tan o más importante que el tiempo que se pasa dentro del campo.
«Disfruto cada momento con los chicos. Las concentraciones, obviamente, los entrenamientos, vivir como se tiene que vivir en mi caso que es mi último Mundial, porque esos momentos son los que uno se lleva«.
«Nos fuimos con sensaciones positivas. Fueron dos amistosos de cara a una preparación de algo muy importante para nosotros. Lo estamos afrontando de la mejora manera, con la seriedad que requiere y contento porque seguimos agarrando ritmo y tratando de volver a reencontrarnos«, afirmó sobre los triunfos sobre Honduras (2-0) e Islandia (3-0).
Y ahí dio la fórmula del éxito para un grupo que renueva objetivos constantemente y que más allá de ganar, disfruta más ganar en equipo.
«Cuando es una competición donde hay más tiempo juntos el grupo es importantísimo. Tenemos una base que ya se conoce hace tiempo, pero estamos adaptando a los más jóvenes que vienen, que entiendan que cuando vienen a la Selección lo hacen a un ambiente muy bueno, positivo, que de la única forma que uno puede conquistar las cosas es trabajando unidos y trabajando con humildad, haciendo las cosas bien lo que nos pide el entrenador», aseguró.
Foto Juano Tesone / Enviado especialal – CLARIN-¿Cómo está el grupo en la previa al debut contra Argelia?
-Muy bien, trabajando, en estos momentos tenemos que hacerlo con humildad. Se viene una competencia linda y trataremos de hacer lo mejor posible.
-A tus 38 años seguís vigente no solo en Europa, sino también en la Selección. ¿Cómo lo trabajaste?
-En lo personal trato de mentalizarme, tratar de jugar en mi club, de tener la continuidad que un jugador necesita para poder seguir en el radar de la Selección. Me preparo cada temporada de la mejor manera para poder estar de cada a cada competición. Estoy feliz porque en lo personal me siento bien, tranquilo e intentando hacer las cosas para llegar bien.
Por eso cuando se dé vuelta y vea lo cosechado se acuerde de aquella historia que por estos días recorrió las lupitas de las redes sociales, en la que contó cómo viajaba desde su casa familiar del barrio La Paloma, en El Talar, Tigre, hasta la Villa Olímpica de Vélez, en El Palomar.
«Para ir a Vélez nos tomábamos tres colectivos. Primero el 721 hasta Panamericana, después el 365 hasta San Miguel y por último, el 169. Ahí nos bajábamos y caminábamos ocho cuadras hasta la Villa Olímpica. Eran más de dos horas de viaje eran», contó mamá Silvia a Clarín oportunamente.
«Mi vieja me acompañó hasta los 13 años, después por un tema de viático dejó de hacerlo, porque no nos daba el presupuesto. Yo viajaba de guardapolvo para pagar menos. Ese momento era ahorrar. Mi vieja me daba dos pesos para que me compré algo para comer, pero yo sé que le costaba, sabía que era un momento difícil, ella laburaba en Capital Federal, limpiaba casas, sabía que por ejemplo no se alimentaba bien. Fue un esfuerzo grandísimo que hizo mi vieja, le debo todo eso», recordó entre lágrimas.

