A los 13 años, la vida de Igor Thiago cambió para siempre. Murió su padre y pasó de ser un niño a un hombre de un día para otro. Sobre sus hombros comenzó a pesar la responsabilidad de llevar la comida a la mesa. Fue albañil, trabajó en ferias y agarró cualquier empleo que le diera dinero, pero ser futbolista profesional siempre fue su mayor sueño, aunque en esos agitados días parecía lejano.

El delantero siempre tuvo el sacrificio como bandera. Antes de que la muerte de su padre lo obligara a crecer de golpe, caminaba ocho kilómetros de ida y lo mismo de vuelta para llegar a los entrenamientos de un proyecto social del barrio. Hizo pruebas en los clubes más populares de Brasil, pero no quedó en ninguno. Entendió que el camino no sería fácil, pero que tampoco debía tirar la toalla, y terminó en el Verê Fútbol Club, de la tercera división del estado de Paraná.

En 2019, a los 17 años, llegó al Cruzeiro. Pero las cosas no salieron como esperaba: los minutos no llegaban y la frustración se fue acumulando hasta tocar fondo. «Pasé por un período de depresión. Hubo noches en que pensé en renunciar. Lo que me dio fuerza realmente fue mi madre y mis hijos», reveló en una entrevista con ESPN.

La revancha llegó en enero de 2020: debutó en Primera ante el Boa Esporte por el Estadual de Minas y lo hizo con gol. En dos años y 64 partidos convirtió 10 tantos y repartió tres asistencias.

En 2022, el Ludogorets lo fichó a cambio de 1,3 millón de euros y lo mandó a jugar a su filial en la segunda división de Bulgaria. A pura garra se hizo un lugar en el primer equipo y, en 55 partidos, marcó 21 goles y repartió 11 asistencias.

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Su único año en el fútbol búlgaro le alcanzó para llamar la atención de Efraín Juárez, exfutbolista y entrenador mexicano que en ese momento trabajaba como scout del Brujas de Bélgica. Lo recomendó, el club lo compró y la apuesta salió excelente: 29 goles en 55 partidos.

En julio de 2024, el Brentford de la Premier League desembolsó cerca de 33 millones de euros -cifra récord en la historia del club- para quedarse con él. La escalada parecía imparable, pero un nuevo obstáculo apareció en el camino: una lesión de rodilla lo dejó afuera casi toda la primera temporada.

En la última temporada, Igor Thiago convirtió 22 goles en la Premier League y terminó como segundo máximo goleador del torneo, solo por detrás de Erling Haaland. Dicho así suena a estadística, pero vale la pena detenerse en lo que significa: un delantero que hace tres años jugaba en la segunda división búlgara terminó apenas cinco goles debajo del mejor 9 del mundo en la liga más competitiva de Europa.

Carlo Ancelotti lo premió con una convocatoria al seleccionado de Brasil para el Mundial 2026. Cuando se anunció la lista, Igor estaba con su familia. Escuchó su nombre, se tapó la cara con las manos y se abrazó con su madre y sus hijos.