La tensión política escaló a niveles críticos luego de que el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, anunciara que postergará su informe de gestión ante el Senado hasta julio próximo. La decisión, interpretada como una evasión frente al escrutinio legislativo, desató un terremoto político que amenaza con fracturar el frágil equilibrio de fuerzas dentro del oficialismo. La vicepresidenta Victoria Villarruel, en un movimiento calculado, capitalizó el malestar generalizado para liderar una ofensiva opositora que ya muestra fisuras en el bloque de diputados afines al Gobierno. Mientras tanto, el PRO, que hasta ahora mantenía una actitud expectante, comenzó a distanciarse públicamente de la administración, en lo que analistas interpretan como el preludio de un realineamiento opositor más agresivo. El escenario se complejiza aún más por las crecientes tensiones internas dentro de la coalición gobernante, donde varios sectores ya expresan su descontento con lo que perciben como una falta de transparencia en la gestión.


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