El liderazgo ausente


La situación nacional puede quedar esquematizada, señalando qué sobre el tablero del poder como autoridad pública, encontramos a dos alianzas o coaliciones en el gobierno y en la principal fuerza de oposición. En la última presidencial sumaron ambas el 88% de los votos; y en la legislativa, en que siempre se espera una menor concentración; un 76%. Esto no solo habla de la bipolaridad política, sino también de las dificultades para generar una tercera fuerza que abra alternativas. El electorado tiende a elegir a A o a B, pero sobre todo lo hace con fuerte incidencia del voto negativo. Una proporción que puede ser decisiva es votar a A para evitar que B gane y viceversa. Esta conducta electoral viene creciendo, y nos se extiende a la arquitectura política-electoral de muchos países en el mundo. Todo indica que la democracia se va orientando más hacia fuerzas políticas que se fortalecen frente a las elecciones y por el fracaso de su opositor sobre todo en la gestión de la gobernabilidad. La gestión, es tan importante, que logra desplazar a las ideologías en términos relativos. Es decir que el ciudadano hace el balance sobre resultados y no sobre ideas fuerza.

Como en nuestro país tenemos un combate electoral cada dos años, no hay tiempo suficiente como para generar otras fuerzas, otras ofertas por fuera del esquema binario. Ni siquiera hay tiempo para que un gobierno pueda desplegar en forma más o menos completo su programa de gobierno. Ni que hablar ahora con la pandemia y la crisis , queda muy poco espacio y tiempo para que el gobierno pueda autonomizarse y desarrollar sus objetivos.

Con la presencia de la negatividad, el adversario pasa a ser un enemigo, aunque esto construye un callejón sin salida, porque ese rechazo (que en realidad manifiesta el deseo profundo de la desaparición del otro) no logra efectividad. Es decir no ocurre. Se amaga con la guerra, se amenaza pero no logra concretarse . Un setentista; señalaría, la fortuna, que este enfrentamiento con amplia violencia simbólica, no alcanza el nivel de la materialización del odio.

Este es un problema para el régimen democrático. Nadie duda de la importancia estratégica que tiene que los ciudadanos y ciudadanas puedan votar, elegir o ser elegidos. Pero, es un error creer que el sufragio es el agotamiento de la democracia. Hay otros resortes que apuntan a la democratización de la sociedad, a partir de la participación. De los procesos que le otorgan a las personas un lugar decisorio, que asegure la intervención de lo colectivo en la institucionalidad sea pública, promoviendo lo mismo en la esfera privada. Un cambio se produjo en el ´94 con la incorporación de mecanismos de democracia semidirecta como la iniciativa popular y la consulta popular.

El Frente gobernante está constituido por una veintena de partidos y organizaciones cuyo eje principal es el kichnerismo (medido por sus votos) , más los gobernadores peronistas, las organizaciones sociales de diverso tipo que constituyen el archipiélago peronista. Las islas tienen mayor o menor dependencia respecto al conjunto. Hay un factor aglutinador que el peronismo varias veces en su historia ha perdido (2003 por ejemplo), que es el factor expresado por la unidad de conducción. Hoy el conglomerado tiene una fracción, la más dinámica bajo el liderazgo carismático de CFK. No conduce al todo , pero es la personalidad sobresaliente del panperonismo. También es la figura pública que concita más rechazo por parte de los electores. Esta doble condición positiva/negativa puede ser extendida en espejo a Macri en la otra coalición. Justamente, la estrategia electoral de ambos es pivotear sobre el opuesto u opuesta con el fin de desacreditarlo.

El núcleo de atracción por pertenecer al archipiélago panperonista tiene que ver con las posibilidades de lograr una fracción del poder que supone o una carrera política, o una carrera por el prestigio; o una carrera patrimonial. Para la alianza Juntos se puede decir lo mismo. Con el acontecimiento que es la división que ha asomado en la oposición a partir de su victoria electoral. La fragmentación, la aparición de bloques muestran la ausencia de un liderazgo único que maneje el conflicto entre sectores, intereses, y futuras candidaturas. Alguna figura que conduzca a la diversidad de ambos conjuntos. En estas alianzas, además van produciéndose cambios que elevan a figuras a una primera fila de la consideración pública y su incidencia interna. Como es el caso de la UCR en Juntos, o los gobernadores peronistas en el Frente.

En definitiva, más allá de diferencias ideológicas, o políticas o personales, no hay duda que en ambas coaliciones se muestra la escasez de liderazgo. En el Frente porque CFK que tiene un voto duro de 25/30% , concita al voto negativo de los otros, y además necesita para una presidencial contar con un intervalo que va de 40 a 50% para ganar. La diferencia entre lo propio y lo que proviene de la negatividad del otro. Si Macri fuera candidato tendría un problema similar; no puede garantizar una segunda vuelta, salvo que compita con otro u otra con un techo insuficiente.

No sabemos si van a aparecer figuras en uno u otro lugar que pueda conducir, dirigir la fuerza política dándole una direccionalidad a la energía oficialista u opositora. Además, una cosa es la aparición de precandidatos/as y otra es que además sean líderes del conjunto de la totalidad de la coalición.

Cuando no hay líderes esto es suplantado por una mayor presencia institucional en la interioridad de los frentes (Frente Amplio uruguayo; la Concertación chilena duró 20 años) , y si ambas cosas no ocurrieran, se produce la aparición plural, casi anárquica de grupos, grupúsculos, fracciones.

Todo indica que más allá de la fragmentación partidaria, que se extiende al gobierno y a la oposición; en medio de una grave crisis económica, social y pandémica; el país requiere un liderazgo que permita recuperar la confianza.

Fuente: ElPais Digital