La inflación de agosto bajó al 1,7% y le dio al Gobierno uno de los números que esperaba mostrar. Sin embargo, debajo del dato general apareció una señal menos cómoda: la inflación núcleo se mantuvo en 1,8%, exactamente el mismo nivel de julio. El número que baja está en la superficie. El que mide la temperatura debajo del agua todavía se resiste. 

El IPC que difundió este jueves el Indec acumuló 21,3% en los primeros ocho meses del año y 33,5% interanual. La desaceleración respecto de julio, cuando había marcado 2,1%, fue significativa. También confirma una secuencia descendente desde el pico de 3,4% de marzo: abril dio 2,6%, mayo 2,1%, junio 1,9%, julio volvió a 2,1% y agosto cayó a 1,7%. 

Pero buena parte de esa mejora estuvo explicada por componentes que no necesariamente se repiten. Los precios estacionales cayeron 0,9%, mientras los regulados aumentaron 2,2% y la inflación núcleo quedó en 1,8%. 

El Indec define como núcleo al conjunto de bienes y servicios que quedan después de excluir los precios regulados y aquellos que tienen un comportamiento estacional. Por eso los economistas suelen mirarla como una aproximación más limpia a la inercia inflacionaria.    Y cuando se retiran del tablero los precios más volátiles, el proceso de desinflación resulta bastante más lento

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Ese es el punto que marcó el economista Juan Manuel Telechea. «Bajó la inflación en julio, sí. Y es un buen dato. Pero la núcleo, que es la que mejor refleja la dinámica real porque quita el ruido de los precios regulados y estacionales, se mantuvo igual que el mes pasado», escribió. 

Bajó la inflación en julio, sí. Y es un buen dato. Pero la núcleo, que es la que mejor refleja la dinámica real porque quita el ruido de los precios regulados y estacionales, se mantuvo igual que el mes pasado.

La comparación permite entender por qué el 1,7% nacional puede ser al mismo tiempo una buena noticia y una advertencia. El nivel general perforó el 2%, pero su componente más persistente no acompañó con la misma velocidad. 

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En agosto los bienes aumentaron 1,4% y los servicios 2%. Además, los servicios acumulan una suba de 27,1% en el año, contra 18,3% de los bienes. En términos interanuales la distancia es todavía mayor: 41,8% contra 29,5%. 

La propia composición del índice muestra dónde siguen las presiones. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles encabezó las subas de agosto con 2,8%. Educación aumentó 2,5%, Salud 2,4%, Bienes y servicios varios otro 2,4% y Comunicación 2,3%. Alimentos y bebidas no alcohólicas acompañó al promedio general con 1,7%. 

Del otro lado, Prendas de vestir y calzado cayó 0,6% y Recreación y cultura no registró variación.  La baja de los estacionales ayudó a cruzar la barrera del 2%. Paquetes turísticos y prendas de vestir bajaron durante agosto, aunque esa caída fue parcialmente compensada por aumentos en verduras, tubérculos, legumbres y frutas. 

En el otro extremo, los regulados recibieron el impacto de electricidad, gas, transporte público y prepagas.  

El economista Ernesto Mattos puso el foco en otra discusión. Cuestionó que el análisis se concentre exclusivamente en la variación mensual y recordó el salto inflacionario de comienzos de 2024 junto con la fuerte pérdida salarial de aquel período. 

Según Mattos, mientras la inflación anualizada llegó entonces a niveles cercanos al 287%, los aumentos paritarios se movieron entre 25% y 40%. Su planteo apunta a que parte de la desinflación posterior debe leerse también junto con el ajuste de los ingresos y el enfriamiento de la demanda. 

El problema para el Gobierno es que, una vez agotado ese primer golpe, cada décima resulta más difícil de bajar. La núcleo nacional había descendido hasta 1,5% en junio, subió a 1,8% en julio y volvió a marcar 1,8% en agosto. El 1,7% general permite festejar el dato del mes. La resistencia del núcleo obliga a mirar cuánto cuesta convertirlo en tendencia.