“Me encantaría, no voy a mentir. Volver a Ballester, mi casa, donde me crié handbolísticamente, sería algo lindo”, le había dicho Diego Simonet a Clarín a fines del año pasado, consultado sobre si, después de cerrar su carrera profesional en Europa, se animaría a ponerse de nuevo la camiseta del equipo con el que dio sus primeros pasos en el handball. El Chino hizo realidad ese deseo. Pero no se conformó con volver a jugar un partido con SAG Villa Ballester después de 18 años. Quien es considerado uno de los mejores de la historia de su deporte se dio el gusto de gritar campeón con su club y, para hacer más dulce el regreso, lo hizo con Sebastián, su hermano mayo, como compañero.
Con el dúo de Simonet, el equipo de Buenos Aires derrotó por 24 a 22 a Dorrego en la final del Nacional de Clubes Adulto “A” que se disputó en Córdoba y defendió la corona de la máxima competencia de clubes del país, en la que es ahora el máximo ganador histórico.
“No puedo pedirle más al handball, a Ballester, a la selección… Un cierre increíble”, comentó Diego tras la final.
“El objetivo de esto era volver a vivir el amateurismo. Creo que Ballester tiene ese lado amateur pero queriendo hacer las cosas muy profesional. Y quería también venir a jugar al interior. Sabemos que tenemos handball en todo el país y no solo en Buenos Aires. Estoy muy contento de haber venido, de haber jugado un partido contra los cordobeses, que fueron espectaculares. Estoy feliz”, agregó el Chino.
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“Tenerlo a Diego acá era inimaginable hasta hace unos meses. El día que me dijo que iba a dejar de jugar en Europa se me prendió la lamparita y laburamos mucho, mucho con el club para que se diera todo esto. Lo laburamos, lo soñamos y lo llevamos a cabo. Fue lindo. Todo el torneo fue puro disfrute”, contó Sebastián, que al igual que su hermano, firmó el adiós definitivo al handball.
“Hace rato venía pensando en mis últimos partidos. No sabía bien cuándo. Hace unos meses tomé la decisión, pero se lo dije recién ayer al cuerpo técnico y hoy después del partido a los jugadores, porque no quería que influyera en nada. Venía muy emocionado los últimos días porque sabía lo que se venía. Intenté disfrutarlo y que no me ganaran las emociones, pero a veces son más fuertes que uno. Ahora estoy feliz”, reveló el mayor de la dinastía que marcó el handball argentino.
Los Simonet formaron parte de aquel plantel que ganó el oro en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, en los que nacieron los Gladiadores. Sebastián estuvo también en la plata en Toronto 2015 y el oro en Lima 2019, disputó tres Juegos Olímpicos -Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020- y siete Campeonatos Mundiales. Diego se colgó una medalla panamericana más que su hermano, la dorada de Santiago 2023. Fue olímpico en Londres, Tokio y París 2024 (se perdió los de Río por una rotura de ligamentos cruzados en la rodilla derecha) y dijo presente en seis citas mundialistas.
Ambos tuvieron largas carreras en el handball profesional. El mayor jugó en Francia y España y disputó dos Ligas de Campeones con el Ademar León español. El menor pasó por Brasil y España, antes de llegar a Francia, donde se convirtió en referente del deporte. Con Montpellier ganó, entre muchos otros títulos, dos Copas de Francia (2016 y 2025), dos Copas de la Liga (2014 y 2016), dos Supercopas (2018 y 2025) y la Champions League de 2018, certamen en el que también se llevó el premio del Jugador Más Valioso del torneo.
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Sebastián cerró su carrera profesional en mayo de 2019, tras 15 años, y regresó a Argentina y a Ballester. Diego jugó el 6 de junio su último partido con su equipo francés, luego de casi dos décadas en el profesionalismo. Y siguió los pasos de su hermano para volver a ponerse la camiseta del club donde nació.
El fin de semana, los dos se despidieron de las canchas juntos y con un título bajo del brazo. El bronce de oro a dos carreras inolvidables.
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