Facundo Sava no es un improvisado. Es entrenador de fútbol y trabaja con las intermitencias propias de la profesión desde hace 15 años. Sin embargo, cuando Sarmiento de Junín supera por 2-0 a Estudiantes de La Plata y encadena de esa forma su cuarta victoria al hilo en el Torneo Clausura, desde el área metropolitana se mira con sorpresa a lo largo de la Ruta 7 lo que ocurre a 260 kilómetros del Obelisco.
El semestre del Verde, sin embargo, se inició con tres derrotas y en este fútbol impaciente la continuidad del Colorado también estuvo en duda. En silencio, superó a Independiente Rivadavia, Atlético Tucumán, Huracán y Estudiantes, y hasta el empate de Argentinos Juniors con Lanús fue líder de la Zona B. ¿Cómo hace?
Sava parece ser un especialista en gestionar grupos de jugadores, más allá de la táctica y de la estrategia. Se conoce ya que el entrenador nacido en Ituzaingó tiene inquietudes poco habituales para el ambiente. Estudiante frustrado de Ciencias Económicas pero recibido como psicólogo social en la Escuela de Pichón Riviere también es escritor y autor de los libros «Los colores del fútbol» (2010) y «Fútbol y Psicología Social: una filosofía de vida», de reciente aparición. «Siempre está haciendo algo», lo define alguien que lo conoce. Y después de una clase de funcional en el gimnasio, atiende el llamado de Clarín.
—La verdad es que es una sorpresa ver a Sarmiento ahí arriba. No estaba en los planes de nadie. No sé si estaba en los tuyos.
—Siempre uno sueña con estas cosas, pero recién empieza. Van seis partidos, ganamos cuatro seguidos y esto es largo. Tuvimos un buen comienzo, así que a seguir soñando con ganar partidos, que es para lo que trabajamos.
—En febrero hiciste referencia al formato del torneo. Decías que un torneo de 20 equipos seguramente daría un salto de calidad, pero también es cierto que este formato les permite a equipos como Sarmiento competir y ganarle a cualquiera.
—Creo que si no hubiese habido tantos equipos, Sarmiento hoy no estaría en Primera. Seguramente tampoco Patronato (NdeR: fue DT y ganó la Copa Argentina 2022) ni otros clubes que crecieron en estos años. Con 20 equipos hubiese sido muy difícil. Es cierto que con 30 equipos algunos partidos pueden perder calidad, pero también hay mucha más gente con posibilidades.
—¿Creés que la calidad del torneo actual es baja?
—No. Es muy competitivo. Hay equipos más fuertes y otros menos, pero todos los partidos son difíciles. El fútbol argentino es uno de los más difíciles del mundo.
—¿Y qué explica este fenómeno de Sarmiento?
—Las ganas del club de hacer las cosas bien y sostener un proyecto. A mitad de año pudimos incorporar jugadores y no se fue nadie. Eso ayuda. Los futbolistas se conocen cada vez más y también estamos fortaleciendo las divisiones juveniles. Tenemos uno de los presupuestos más bajos, pero el club cumple. Los jugadores valoran que se les respete lo que se les promete. Además contamos con muy buenas instalaciones y un predio que no tiene nada que envidiarles a otros equipos de Primera. Es un proceso de muchos años (NdeR: Fernando Chiófalo conduce el club desde hace 20 años), con dirigentes que creen en la formación y en el crecimiento sostenido. A eso se suma que contratamos buenos jugadores. Con el tiempo se fueron conociendo mejor y pudimos formar un buen equipo. Pero falta muchísimo. El fútbol cambia rápido y tenemos que seguir entrenando, mantener los pies sobre la tierra y seguir creciendo.
—¿Qué actividades hacen además de entrenar?
—Cuando podemos hacemos un asado en la casa del presidente, campeonatos de truco y actividades con las divisiones juveniles. Pero lo más importante está en el día a día. Que los jugadores se conozcan, entiendan sus roles, sepan cómo juega el compañero y cómo comunicarse. Eso te lo da el tiempo. No hay mucho misterio. Hay que trabajarlo en los entrenamientos y en el vestuario.
—El tiempo como aliado. Algo que no ocurre demasiado en el fútbol argentino.
—No. Hay muchos cambios de jugadores y entrenadores. Eso dificulta que alguien se identifique con el club, con sus compañeros o con los hinchas. Históricamente, los equipos que tuvieron éxito fueron los que lograron sostener procesos.
—En el vestuario también está Insaurralde. ¿Qué peso tiene?
—Muchísimo. Está hace años en el club, tiene experiencia y es muy profesional. Además de entrenarse, está todos los días en el gimnasio. Es un ejemplo para todos y alguien que ayuda a que el club siga creciendo.
—También se contagia el buen estado de ánimo en el fútbol.
—Sí. Cuando tenés gente positiva, capaz de enfrentar problemas y buscar soluciones, todo es más fácil. Lo mismo cuando te rodeás de personas respetuosas, que entienden el bien individual pero también el bien común del grupo.
—¿Cómo definirías a Sarmiento?
—Es un equipo que ataca y defiende junto. Que cuando defiende lo hace con mucha intensidad y cuando ataca tiene determinación para ir a buscar el gol. También es un equipo muy solidario. Los que juegan menos entrenan con la misma intensidad, ayudan a sus compañeros y esperan su oportunidad compitiendo cada día. Es un grupo muy lindo, construido entre todos a partir de la comunicación, la ayuda y el liderazgo.
—Hay algo que no se ve y tiene que ver con la energía positiva. ¿Se puede trabajar?
—Sí. Nosotros nos dimos cuenta de que había cosas que teníamos que cambiar. El hecho de conocernos mejor facilita el diálogo y permite que los jugadores nos digan lo que sienten y piensan. También importa mucho la calidad de los entrenamientos y estar atentos a quienes juegan menos. Hay que detectar los problemas y hablarlos rápido. Un jugador puede estar enojado o angustiado por no jugar y necesita ayuda para atravesar ese momento. Todas esas cosas hacen a la armonía y a la salud mental de un grupo.
—Al final, pareciera que armar un equipo exitoso tiene bastante más que ver con lo humano que con lo deportivo.
—Mucho. Pero con las dos cosas. Si una falla, la otra tampoco funciona. Hay que generar un espacio donde el jugador pueda expresarse y exista buena comunicación, pero también hay que saber de fútbol: estudiar rivales, planificar entrenamientos, partidos y viajes. Además, la relación con los dirigentes es fundamental. Siempre digo que el equipo que se ve en la cancha es el fiel reflejo de lo que es el club, de lo que son sus dirigentes y de lo que es el entrenador.
—¿Trabajar en Junín da más tranquilidad?
—No, porque hay que ganar siempre. Hoy el fútbol es así. Perdés tres o cuatro partidos y enseguida aparecen los pedidos de cambio. Estamos en un fútbol un poco enfermo, porque eso no le hace bien a nadie.
—Sí. Parece que la gente disfrutara de que a un equipo le vaya mal. Y las redes sociales tampoco ayudan. Todo esto hace muy difícil sostener procesos porque se vive con la obligación de ser exitoso de inmediato. Creo que la vida es un proceso. A mí me tocaron momentos muy buenos y otros muy difíciles. Aprendí en todos. En los buenos disfruté; en los malos sufrí, pero también crecí como entrenador y como persona. Los clubes tienen que estar preparados para sostener esos procesos. Muchas veces se cree que cambiando un entrenador o un jugador se resuelven los problemas, y no es tan así.
—Un ejemplo puede ser el momento que vive River.
—Sí. Han llegado muchos jugadores nuevos y hay un entrenador que todavía los está conociendo. Hace falta paciencia. En mi experiencia, cada vez que hubo muchos cambios costó volver a encontrar funcionamiento. Pretender que un equipo cambie ocho o diez jugadores y funcione de inmediato es muy difícil. Me pasó lo contrario en Gimnasia, donde estuve muchos años (como jugador) con una base estable. El equipo funcionaba porque nos conocíamos muchísimo. Eso te lo da el tiempo. No hay misterio. Hoy todo va demasiado rápido. Se pierde un partido y ya se pide cambiar jugadores o entrenadores. Pero no es así. Hay que trabajar la paciencia, los proyectos y la confianza. También necesitamos más profesionales que ayuden a quienes conducen grupos y acompañen a los futbolistas en sus relaciones y en la gestión de lo que sienten. Creo que hay mucho por hacer en el fútbol.
—Los equipos donde hay afectos son los que mejor funcionan.
—Entonces pareciera que hay que armar grupos de gente que se lleve bien.
—No tengo ninguna duda. El problema es que lograrlo en el fútbol profesional no es fácil. Los equipos que salen campeones suelen ser los que más se conocen, los que mejor se relacionan y los que mejor se llevan afectivamente. Estoy convencido de eso. El mejor ejemplo es la Selección.
—Algo parecido a lo que pasó con España. Son equipos cuyos jugadores llevan muchos años compartiendo experiencias. Se conocen desde juveniles o han jugado mucho tiempo juntos. Más allá de que todas las selecciones tienen grandes futbolistas, en Argentina y España había algo diferente. Ese conocimiento mutuo y esos vínculos terminaron marcando una diferencia.
—¿Qué hacés cuando no estás trabajando de entrenador de fútbol?
—A partir de las seis de la tarde, hasta las nueve de la noche, es como que me tomo mis tres horitas para mí. Hago de todo un poco. Cuando estaba con el libro (Fútbol y psicología social: una filosofía de vida de Ediciones Al Arco) escribía mucho también por la tarde. Pero hago un montón de actividades. Voy a nadar tres veces por semana, voy a hacer funcional, voy a patinar. Me tomo un poco de tiempo para mí.
—Sí, en un equipo de velocidad. Cuando era chiquito patinaba, entonces me gusta. Me gusta la velocidad. Acá (en Junín) hay un equipo muy bueno, con muchos chicos que están en la selección y compiten a nivel nacional todo el tiempo. Lo encontré, me mandé y la verdad es que estuvo muy bueno. Me divierte. Me genera un poco de adrenalina porque es bastante arriesgado. Vas muy rápido y tiene sus cosas peligrosas, pero a mí me gusta.
—¿Más adrenalina que la que te da el fútbol?
—No, no, no. Siempre he buscado eso. Hice aguas abiertas, me tiré en parapente. He hecho un montón de cosas que me generan adrenalina. Pero nunca encontré algo que me genere lo mismo que un partido de fútbol. Me metí al mar por primera vez para nadar una carrera de cinco o seis kilómetros y no sentí nada en comparación con lo que me pasa en un partido. Tirarme en parapente o nadar en el mar no me produjo miedo ni adrenalina. Era solamente disfrutar. Nada se compara con lo que me pasa en un partido de fútbol. Por eso necesito el fútbol para vivir.
Editor de la sección Deportes. [email protected]
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