Recientemente, en el
último mundial de futbol escuchamos a Lionel Scaloni en diferentes conferencias
de prensa, como en la previa al partido contra Inglaterra y contra España,
contextualizar reiteradamente el juego a disputarse.
En la semi-final
explícitamente estableció un límite dejando fuera las implicancias
geo-políticas de una victoria.
A la pregunta del
periodista, en la que recalcaba lo especial del partido en lo futbolístico y en
lo emocional para los argentinos, el entrenador responde: “Es un partido de
futbol (…) no busquemos otra cosa (…) no hay más que eso”.
El contenido de la
pregunta del periodista es un buen ejemplo de las múltiples presiones
que sufren los equipos deportivos de nivel internacional al disputar un
mundial.
Llevan sobre sus hombros
el peso de la exigencia para la reivindicación del país al cual representan, un
resultado desfavorable implica fallarle a todos sus habitantes, ni a uno
menos. De hecho, un acontecimiento como este, en el que está en juego la
soberanía por la fuerte identificación de los ciudadanos con su identidad
nacional, se posan sobre ellos millones de pares de ojos con la expectativa de
la victoria, la cual confirmaría los derechos concebidos.
Cada jugador lleva además
a la cancha sus expectativas personales fruto de su historia,
experiencia y proyecciones futuras.
Como vemos, un partido no
es solo eso, ni está exento de acarrear consigo implicancias en alto grado
significativas individuales y colectivas.
Pero entonces, ¿cómo es
posible que el entrenador se limite a decir lo que dijo?
Es que en esas pocas
palabas hay sabiduría, y no lo digo desde una valoración personal, sino que es
una expresión clara de un posible camino en el que los jugadores pueden
encontrarse a sí mismos, mantenerse centrados y en equilibrio, sin perder su
capacidad deportiva en términos de rendimiento; y de que las presiones psicológicas
y sociales no interfieran.
Dicho de otra forma,
desde la Psicología del Deporte es una estrategia que se puede aplicar para
ayudar al deportista a: mantener la cabeza fría y no dejarse llevar por las
emociones. En deportes de estrategia es fundamental la claridad mental, la
lucidez y controlar las jugadas tanto impulsivas como reactivas.
Los jugadores pueden
aprender de la mano del entrenador o solos a poner límite a las presiones del
orden que sean. No es fácil dejar todo en la cancha cuando el partido es
importante, a la vez que jugar como si no lo fuera. El camino para no perderse
en esta contradicción esesforzarse en hacer lo que se entrenó dentro del equipo
y con el equipo.El resultado será en funciónde su desempeño, de lo que haga su
rival y del destino.
Asegurarse bajo presión
no siempre funcional, muchas veces deja un sabor amargo. Aprender que no
interfiera es posible.
Especialista en Psicologia Deportiva

