Donald Trump dio por terminada el cese al fuego con Irán y viene desarrollando ataques a posiciones militares de Irán. Esta ofensiva volvió a cerrar Estrecho de Ormuz y aumentó la tensión en los mercados internacionales y el precio del petróleo.
Esta renovada escalada militar entre Estados Unidos e Irán está provocando una creciente disputa dentro del Partido Republicano y amenaza con convertirse en uno de los principales desafíos políticos para Donald Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
Según un análisis publicado por Politico, el conflicto expone las profundas diferencias entre quienes defienden una política exterior intervencionista y el ala más aislacionista del movimiento Make America Great Again (MAGA), que reclama que Trump cumpla su promesa de mantener a Estados Unidos alejado de nuevas guerras en Medio Oriente.
En este marco, la reanudación de los bombardeos estadounidenses contra objetivos iraníes de esta semana tras el fracaso del alto el fuego reavivó un debate que el presidente había logrado contener durante los primeros meses del conflicto.
EEUU ataca un puerto iraní y recrudece la tensión en el estrecho de Ormuz
Mientras los sectores más duros del Partido Republicano sostienen que Washington debe aprovechar la debilidad del régimen iraní para incrementar la presión militar, los aliados más cercanos al ideario «America First» advierten que una guerra prolongada traicionaría uno de los pilares del trumpismo y puede afectar a las chances electorales de noviembre.
Entre los críticos aparecen dirigentes como Marjorie Taylor Greene (la principal voz del movimiento MAGA) y Thomas Massie que cuestiona la legalidad de las operaciones militares sin autorización del Congreso y sostienen que el involucramiento militar corre el riesgo de repetir los errores de Irak y Afganistán, con un elevado costo económico y humano.
Marjorie Taylor Greene.
Del otro lado, los llamados «halcones» entre los que se destacan Lindsey Graham que representa el sector más intervencionista del partido y defiende una respuesta militar contundente contra Irán porque considera que Washington debe aprovechar la oportunidad para debilitar definitivamente al régimen iraní y Mike Johnson que respalda la estrategia de Trump y sostiene que el enfrentamiento con Irán era prácticamente inevitable debido a la amenaza que representaba para Israel y para las fuerzas estadounidenses en la región.
A su vez, ellos creen que detener ahora la ofensiva permitiría a Teherán reorganizarse y recuperar capacidad militar. La preocupación crece porque diversas encuestas muestran que el conflicto con Irán continúa siendo impopular entre amplios sectores del electorado estadounidense, especialmente entre independientes y votantes moderados, un segmento clave para conservar la mayoría en el Congreso.
Los sectores críticas a la estrategia bélica advierten que una guerra larga podría erosionar el respaldo a la Casa Blanca y beneficiar a los demócratas en los comicios dado que vienen apelando a la narrativa contra la guerra con resultados exitosos.
En este marco, Trump intenta sostener un delicado equilibrio. Por un lado, insiste en que Estados Unidos responderá con contundencia a cualquier agresión iraní y no descarta nuevas operaciones militares.
Irán cierra el estrecho de Ormuz por los bombardeos de Israel en Líbano
Por otro, continúa afirmando que su objetivo final es alcanzar un acuerdo que garantice la estabilidad regional y la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, evitando un conflicto indefinido.
La interna está en desarrollo en donde los sectores más tradicionales afirman que Estados Unidos corre el riesgo de desaprovechar una oportunidad histórica para debilitar definitivamente al régimen iraní. En cambio, en el universo MAGA, el conflicto amenaza con diluir la identidad política que llevó a Trump nuevamente a la Casa Blanca: la promesa de priorizar los intereses internos de Estados Unidos y evitar nuevas guerras en el extranjero.

