Era una tarde fría, pero soleada, de los primeros días del invierno de 1998. El estudiante secundario que cursaba el viejo quinto año salió de la escuela a las apuradas y se dirigió directamente a su casa, ubicada a unas diez cuadras, para prenderse a la pantalla del televisor ya que a las 16 de ese 23 de junio arrancaba un partidazo del Mundial que se disputaba en Francia: el vigente campeón, Brasil, ante la novedosa Noruega, que disputaba su segunda Copa del Mundo consecutiva.

Ese martes, el adolescente no tenía clase de educación física -su preferida-, por lo que salió temprano. Así que dejó de pensar en el ansiado viaje de egresados a Bariloche que se iba a concretar en algunas semanas más y se sentó frente al televisor con un ejemplar del día de Olé y del suplemento de deportes de Clarín, sus infaltables compañeros durante la máxima cita futbolística y con los que repasaba las formaciones y estadísticas de los equipos.

El diario deportivo se lo compraba cada de mañana de camino a la escuela con su propio dinero –que ganaba lavando autos y cortando el pasto los fines de semana-, mientras que el suplemento lo tomaba del matutino de su padre, quien en la previa del certamen le había regalado el “Libro de Oro del Mundial” que Clarín sacó a la venta con toda la información desde 1930, en papel ilustración a color y encuadernado. Como una verdadera enciclopedia.

Eran tiempos en los que para seguir un partido en detalle convenía tener a mano la información en papel porque no había archivos digitales a un clic e Internet recién empezaba a llegar a algunos hogares que tenían una PC conectada a la red por el cable de la línea de teléfono fijo.

A su vez, los libros, diarios y revistas –como todos lo demás que se compraba en el mercado interno- se pagaban en pesos argentinos que valían lo mismo que el dólar, ya que regía el “uno a uno” que había instalado el ministro de Economía Domingo Cavallo durante la primera presidencia de Carlos Menem, que iba por su segundo mandato, marcado por la recesión y el desempleo de dos dígitos, a pesar de lo cual pensaba en una reforma de la Constitución que le habilitara un tercero.

Ya ubicado solo frente a la pantalla, el adolescente esperaba un triunfo de los noruegos, por quienes ya había alentado en la Copa del Mundo de 1994, cuando los vikingos vencieron 1-0 a México, cayeron por el mismo resultado ante Italia y empataron 0-0 con Irlanda, lo que los dejó terceros y eliminados por diferencia de gol.

En Francia las cosas habían arrancado mal para Noruega: 0-2 en el debut ante Marruecos y 1-1 con Escocia en la segunda fecha del grupo. Así que tenía que ganarle a Brasil para aspirar la clasificación a los octavos de final.

En cambio, los brasileños, con Ronaldo Nazario –de 21 años y el mejor futbolista del mundo en ese momento-, Rivaldo, Bebeto, Cafú y Roberto Carlos entre sus filas, habían vencido 2-1 a Escocia y 3-0 a Marruecos, por lo que tenían asegurado el primer puesto. Sin embargo, ante los noruegos no guardaron a ningún titular.

El equipo conducido por Mario “Lobo” Zagallo formó con un clásico 4-3-1-2: Taffarel; Cafú, Junior Baiano, Goncalvez y Roberto Carlos; Leonardo, Dunga y Denilson; Rivaldo; Bebeto y Ronaldo.

Por su parte, en Noruega, el entrenador Egil «Drillo» Olsen paró en cancha un conjunto muy físico y directo: Frode Grodås; Henning Berg, Dan Eggen, Ronny Johnsen y Stig Bjørnebye; Kjetil Rekdal, Roar Strand, Øyvind Leonhardsen, Vidar Riseth y Håvard Flo; y Tore Andre Flo.

Los nórdicos también tenían lo suyo: los titulares Johnsen y Berg jugaban en el Manchester United, junto al delantero Ole Gunnar Solksjaer, quien ante Brasil entraría en el segundo tiempo. Mientras que Bjørnebye y Leonhardsen integraban el Liverpool; otro de los grandes clubes de Inglaterra.

Pero todas las miradas se posaban sobre Tore Andre Flo, el delantero del Chelsea inglés y a quien apodaban “Flonaldo”, luego de que en un amistoso disputado en 1997 convirtió dos goles en el histórico triunfo de su selección 4-2 ante Brasil, con “el fenómeno” Ronaldo en cancha.

El sobrenombre, claro está, surgió de una combinación entre los apellidos de ambos 9 y derivó en que en los meses previos a Francia 98, la marca Hennig-Olsen lanzara un nuevo helado llamado «Flonaldo». Era de pistacho con cobertura de chocolate negro.

El encuentro entre Brasil y Noruega en la Copa del Mundo de 1998 se disputó en el pintoresco estadio Vélodrome de Marsella, en la costa azul francesa, una de las ciudades del país más apasionadas por el fútbol, y ante 55 mil espectadores que presenciaron un trámite del juego muy cerrado y parejo, en el que los nórdicos buscaron frenar el poderío ofensivo de la canarinha.

En el primer tiempo Ronaldo alcanzó a meter dos asistencias para Cafú y Bebeto, quienes no pudieron marcar; mientras que “Flonaldo” se hizo fuerte en el juego aéreo bajando pelotas para sus compañeros, que no supieron aprovechar. Así que el primer tiempo terminó 0-0.

El complemento comenzó con la misma tónica hasta que al minuto 78´ Denilson logró habilitar a Bebeto en el segundo palo para que este pusiera el 1-0 parcial.

La alegría brasileña duró tan solo cinco minutos, hasta que Bjørnebye colocó un pase profundo a espaldas de la defensa brasileña, Flo se sacó de encima a Junior Baiano en una gran maniobra individual y definió al segundo palo de Taffarel: 1-1.

Btw , the last time Norway played Brazil at three World Cup was in the 1998 World Cup Group stage and they won because of the legendary Tore Andre Flo, proper no.9#Norway#Brazil pic.twitter.com/WnxkwP36GY

Y cuando parecía que que terminaría en un empate que complicaba las aspiraciones de los vikingos, Flo volvió a batirse a duelo con Junior Baiano quien, según el árbitro estadounidense, le cometió infracción dentro del área. ¡Penal!

El encargado de patear fue Rejkal, quien ya había marcado para su selección en USA 94, y esta vez tampoco falló: 2-1 para los nórdicos. Y así concluyó el partido. Ambos equipos pasaron a octavos de final, instancia en la que Noruega caería ante Italia – Flonaldo no volvería a jugar una Copa del Mundo- y Brasil venció 4-1 a Chile.

Los brasileños, en tanto, continuarían hasta la final, en la que cayeron 0-3 ante Francia, que obtuvo su primer mundial en su propia tierra. Y Ronaldo Nazario, que en ese torneo marcó 4 tantos, tendría su revancha en Corea-Japón 2002, cuando fue campeón y máximo goleador con 8 conquistas.

Para los argentinos el mundial de Francia también fue especial porque se trató del primero desde 1982 sin Diego Maradona como jugador, luego del “me cortaron las piernas” de 1994.

Por su parte, el estudiante secundario se regocijó con la derrota de Brasil ante Noruega y continuó de festejo con el triunfo de Argentina ante Inglaterra por penales en octavos. Solo la consagración de los franceses en el partido decisivo le alivió el dolor por la eliminación del equipo dirigido por Daniel Passarella contra Holanda en cuartos.

Y entre los buenos y malos resultados, los vaivenes emocionales y la inexperiencia típica de su juventud, al adolescente le quedó claro una cosa: quería convertirse en periodista gráfico. No solo porque le encantaba el fútbol sino también escribir. Lo hacía desde los 11 años, cuando redactó sus primeros cuentos. Y esa pasión por las letras lo acompañaría durante toda su carrera profesional hasta la actualidad, cuando, con todo respeto, se atreve a suscribir esta nota.

La remake del siglo XXI de Brasil-Noruega tiene dos protagonistas nuevos, también delanteros: Erling Braut Haaland y Vinicius Jr, ambos a punto de cumplir 26 años y dos de los goleadores de la Copa del Mundo 2026, con 5 y 4 cuatro tantos, respectivamente.

A diferencia de lo ocurrido en 1998, cuando estas dos figuras que brillan en Real Madrid y Manchester City todavía no habían nacido, este domingo, desde las 17 y en New Jersey, el que pierda se va a su casa.

Los vikingos, con su festejo de moda simulando remar un barco antiguo en homenaje a sus antepasados, llegan a los octavos de final luego de eliminar a Costa de Marfil por 2-1. En tanto que Brasil se clasificó primero en su grupo y dejó a atrás a Japón en 16vos.

La llave está abierta. Brasil es siempre candidato, pero Noruega tiene en Halland su arma letal. Por ese lado del cuadro, al ganador lo espera el vencedor de Inglaterra-México en cuartos. Pero primero van a tener que revivir aquel duelo de hace exactamente 28 años y 12 días, que no es poco, más bien, todo lo contrario.

Editor de la sección Sociedad. [email protected]

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