Tras una fuerte adopción interna, las empresas en Argentina están teniendo dificultades para demostrar a los clientes el valor real de la inteligencia artificial (IA) que están implementando. Además, los empleados utilizan herramientas no aprobadas por la organización, un problema que a nivel mundial genera riesgos por más de u$s143.000 millones. Desde el Thomson Reuters Institute confirmaron a iProfesional que en Argentina este problema tampoco es menor: el uso de IA no autorizada alcanza al 49% de los profesionales encuestados en el país, en áreas como auditoría, legales y compliance.
Además, según el último relevamiento de esa consultora organizacional, casi cuatro de cada diez profesionales señalan que es esencial demostrar mejoras en la productividad impulsadas por IA, y cerca de un tercio identifica la innovación como una expectativa clave.
Pero ese cambio aún no es visible para los clientes. Solo el 10% de los profesionales afirma que su base de clientes está experimentando esos beneficios en la actualidad. La mencionada firma de consultoría internacional menciona que la brecha ya no está en la adopción de la tecnología, sino en la entrega. Las compañías están invirtiendo en IA y utilizándola internamente, pero les cuesta traducir ese uso en resultados que los clientes puedan ver y valorar de forma consistente.
Esa desconexión empieza a generar presión. Casi la mitad de los profesionales argentinos encuestados reportó presión directa de clientes y stakeholders para avanzar más rápido en IA. El mismo estudio muestra que uno de cada cinco espera ver consecuencias relacionadas con clientes en los próximos 12 meses si no hay avances, cifra que aumenta a cuatro de cada diez en los próximos dos años.
Para su informe Future of Professionals 2026, que advierte sobre el costo financiero de no implementar eficazmente la inteligencia artificial en las profesiones jurídica, fiscal, de auditoría y de riesgo, Thomson Reuters encuestó a 1.800 profesionales a nivel global.
«Estamos viendo emerger una división clara», afirmó Steve Hasker, presidente y CEO de Thomson Reuters. «Las firmas que están operacionalizando la IA están tomando la delantera. Las que no lo hacen comienzan a asumir riesgos reales en términos de talento, clientes y desempeño financiero. Cerrar esa brecha de ejecución es ahora un imperativo de negocio para las firmas de servicios profesionales.»
La adopción de IA no es el problema. El 74% de los profesionales ya utiliza herramientas de IA cada semana, pero las organizaciones están teniendo dificultades para convertir ese uso en valor real. De hecho, el 91% considera que sus organizaciones no están alcanzando el potencial que la IA puede ofrecer, lo que genera consecuencias no previstas, como que un tercio de abogados, contadores y profesionales de cumplimiento recurra a herramientas no autorizadas, creando riesgos invisibles y no gestionados.
Incluso cuando existe una estrategia de IA, la ejecución queda rezagada: el 35% afirma que las ambiciones no se reflejan en su trabajo diario, y casi uno de cada cinco señala que su organización aún carece de una estrategia clara. Esta brecha entre promesa y realidad comienza a impactar en el talento: uno de cada cuatro profesionales afirma que consideraría irse en los próximos 2 años si no percibe el valor esperado.
Los clientes están llegando a la misma conclusión: el 78% ya considera que las mejoras de calidad habilitadas por IA son esenciales, pero solo el 6% cree que la mayoría de los proveedores las está ofreciendo. Como resultado, casi un tercio se prepara para reevaluar esas relaciones en los próximos 12 meses.
Thomson Reuters asegura que estas presiones están creciendo más rápido de lo que muchos líderes empresariales reconocen y se manifiestan en tres áreas interconectadas:
«No toda la IA es igual. En profesiones donde existe responsabilidad real, el estándar debe ser mucho más alto», afirmó Steve Hasker, presidente y CEO de Thomson Reuters. «Cuando los resultados influyen en decisiones legales, presentaciones regulatorias o asesoramiento a clientes, ‘casi correcto’ no es suficiente. Por eso desarrollamos lo que denominamos IA de grado fiduciario: una tecnología que los profesionales pueden verificar, en la que pueden confiar y, en última instancia, respaldar.»

