Fue en 2002 cuando David Nalbandian protagonizó la final del torneo más importante del mundo sin haber pisado jamás el pasto como profesional e, incluso, sin haber jugado siquiera en la cancha central del All England hasta aquel partido decisivo con el australiano Lleyton Hewitt. Más allá de su tremendo talento para actuar en cualquier superficie, el cordobés pareció decirles a sus compatriotas con aquella histórica actuación en Wimbledon que el césped no era un cuco y que sólo había que animarse.

Pasó la gira europea de polvo de ladrillo y las canchas mutaron del anaranjado al verde. Pero también cambió la manera de jugar en un escenario absolutamente distinto al que hay que desafiarlo. Y cuanto más tiempo se le dedique a descifrarlo, mejor.

Ambos circuitos ya están en las segundas semanas de sus torneos en pasto (quedará solamente la próxima en la previa de Wimbledon) y lo visto hasta ahora no fue bueno. No por los resultados sino por la cantidad de tenistas argentinos en acción en los torneos de la ATP y WTA. La semana pasada fue Solana Sierra la única que jugó y ganó un partido en ‘s-Hertogenbosch mientras en la presente, Francisco Cerúndolo optó por Londres -está en los cuartos de final y ya ganó dos encuentros en una superficie en la que no se imponía desde hacía casi tres años- y Tomás Etcheverry perdió con el ruso Medvedev en su debut en Halle.

No hay nada más complicado que modificar la manera de jugar al tenis del polvo de ladrillo al pasto. Todo es muy diferente. Por ejemplo: el centro de gravedad es más bajo debido al pique más bajo de la pelota; la postura es más agresiva desde el fondo de la cancha hacia adelante; hay que adaptar los desplazamientos porque los arranques y los frenos más inestables requieren un mayor equilibrio o, lo que es lo mismo, hay que llegar a la pelota con pasos más cortos (como si se estuviera zapateando); el saque con slice resulta más efectivo; el juego de ataque es más beneficioso sobre todo cuando quien defiende está obligado a realizar cambios de dirección en sus tiros; y la volea es más efectiva. En definitiva, los jugadores que se pueden sentir más cómodos sobre el pasto son aquellos de ataque y de una gran movilidad.

Entre los compatriotas, el propio Cerúndolo es quien mejor se adapta al césped. Campeón en Eastbourne en 2023, en el tradicional torneo de Queen’s su devolución y la potencia de sus golpes desde la línea de base le permitieron ser protagonista en uno de los certámenes más importantes en la previa del desembarco en el All England.

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Y ya con el ojo puesto en Wimbledon, ¿quiénes serán los máximos candidatos a ganar en SW19?

Entre los hombres, la lógica va primero por el lado del campeón defensor Jannik Sinner y por Novak Djokovic, séptuple ganador allí. Pero habrá que prestarles atención al estadounidense Ben Shelton, los checos Jakub Mensik y Jiri Lehecka, el canadiense Felix Auger Aliassime y el italiano Flavio Cobolli. Todos ellos llegarán con confianza por sus últimos resultados y, además, reúnen aquellas condiciones para moverse muy bien en una superficie en la que sólo se juega cinco semanas al año.

Por el lado de las mujeres, el abanico entre las máximas favoritas es más amplio. En ese grupo hay que destacar a Elena Rybakina, Barbora Krejcikova (las dos ganaron Wimbledon en 2022 y 2024, respectivamente), Elina Svitolina, Karolina Muchova y Marta Kostyuk aunque también deberán ser tenidas en cuenta la austríaca Anastasia Potapova, la croata Donna Vekic, la checa Marie Bouzkova y la estadounidense Madison Keys. ¿Y Aryna Sabalenka e Iga Swiatek, la número 1 del mundo y la campeona en 2025, respectivamente? La bielorrusa nunca pudo pasar las semifinales en Wimbledon y la gran incógnita es saber si superó -y cómo lo hizo- su increíble y traumática derrota en los cuartos de final de Roland Garros tras la cual, incluso, dijo que quería dejar de jugar al tenis y luego confesó haber ido a un psiquiatra para tratar el tema. Por su parte, la polaca llegará a Londres con toda la presión y luego de haber tenido una gira de canchas lentas muy irregular, sin títulos donde más domina y habiendo tenido como su mejor resultado las semifinales de Roma. Por eso a las dos se las deja con un signo de interrogación muy grande.

La mesa del pasto está servida y el máximo torneo ya comienza a vivirse. Para unos pocos es una época de la temporada muy beneficiosa. Para la mayoría de los jugadores, un tiempo que esperan pase rápidamente. Pero es sólo cuestión de animarse. Ya lo dijo Guillermo Vilas cuando en 1974 ganó el Masters en el Kooyong de Melbourne sobre ese piso: “El pasto es un poco para las vacas y un poco para el tenis”.

Fuente: Clarin