
“Quiero que 50 países puedan ser campeones del mundo”. Con esa frase, Gianni Infantino defendió tiempo atrás a capa y espada el formato de 48 selecciones que debuta en este Mundial 2026. Y, si bien es cierto que la expansión promete una competencia más global y abierta, también generó historias que, a priori, invitan a pensar en desniveles futbolísticos inéditos para el torneo popularmente conocido por reunir a los mejores futbolistas.
Una de esas curiosidades la protagoniza Haití, la selección que llega a Norteamérica con la mayor cantidad de futbolistas fuera de la élite: 17 de sus 26 convocados militan en ligas de ascenso o torneos alejados del radar principal del fútbol mundial.
Los Grenadiers regresan a un Mundial por primera vez desde Alemania 1974. Y sí, lo hacen con una realidad completamente distinta a la de las potencias. Mientras selecciones como Argentina, Francia o Brasil reúnen figuras instaladas en la cima del fútbol europeo, Haití armó su plantel con apenas nueve futbolistas en clubes de Primera División, mientras que el resto se reparte entre segundas categorías y ligas periféricas.
El caso de sus arqueros grafica perfectamente ese escenario. Alexandre Pierre, de 25 años, juega en el Sochaux francés, actualmente en tercera división tras caer por problemas administrativos, y ni siquiera llega como titular consolidado.
Más llamativo todavía resulta lo de Josué Duverger, suplente habitual en el Cosmos Koblenz de la quinta categoría alemana y dueño de una estadística poco alentadora: recibe un promedio cercano a dos goles por partido. Así, la experiencia bajo los tres palos recae entonces sobre Johny Placide, histórico arquero de 38 años que lleva un lustro en la segunda división francesa y desde julio quedará como jugador libre.
Igualmente, Haití también tiene nombres capaces de competir en un nivel más alto. El volante Jean-Ricner Bellegarde surge como la máxima figura desde el Wolverhampton, club que esta temporada perdió la categoría en la Premier League. También tiene a Wilson Isidor, delantero del Sunderland, como principal amenaza ofensiva luego de marcar seis goles en Inglaterra y despertar el interés de Everton, Nottingham Forest y Tottenham.
El resto del plantel sigue la misma línea y mezcla trayectorias completamente improbables. Duckens Nazon, máximo goleador histórico del seleccionado, debió escapar de Irán días atrás en medio del conflicto bélico en Medio Oriente para poder sumarse a la preparación mundialista. “Estuve atrapado en la frontera 48 horas”, reveló recientemente.
Duke Lacroix, lateral izquierdo formado en el fútbol universitario estadounidense, combina su carrera deportiva con el arte abstracto en su tiempo libre. Y después aparece Keeto Thermoncy, defensor de apenas 20 años que todavía ni siquiera debutó profesionalmente en el Young Boys de Suiza.
Con el panorama a la vista, lo único en lo que se puede creer es que la diversidad del plantel parece estar a la altura de la historia que vivió Haití para clasificarse al Mundial. Para obtener su boleto, la región caribeña de 12 millones de habitantes logró sobreponerse a una profunda crisis política y social que la obligó a disputar en Curazao todos los partidos de local por Eliminatorias debido a cuestiones de seguridad.
La propia conformación del plantel también refleja el contexto y crecimiento futbolístico que atraviesa Haití desde hace años. Apenas diez de los 26 convocados nacieron en territorio nacional: once son franceses y el resto se reparte entre futbolistas nacidos en Canadá, Estados Unidos, Suiza y Guadalupe. Una selección moldeada desde la diáspora y sostenida, en gran parte, por jugadores desarrollados fuera de la isla, a la cual tal vez no llegaron a conocer.
En esa lista también se incluye su entrenador. Y es que el francés Sébastien Migné nunca llegó a pisar Haití desde que asumió en 2024. “Es imposible porque es demasiado peligroso”, reconoció tiempo atrás en diálogo con France Football. La solución: dirigir a distancia y sostener gran parte del trabajo mediante videollamadas. Increíble, pero real.
Lo llamativo es que, pese a ese contexto, Migné logró construir un equipo competitivo y disciplinado. Bajo ese lema, Haití sacó su pasaje tras superar un durísimo grupo y conseguir victorias clave ante Costa Rica y Nicaragua. “En un partido cualquier cosa puede pasar. La idea es escribir una nueva historia con estos jugadores”, avisó el entrenador.
Si bien Haití aparece como el rival más débil de una zona que compartirá con Brasil, Escocia y Marruecos, el propio Mundial de 48 selecciones parece darle vida a esa ilusión improbable. Porque entre futbolistas del ascenso, delanteros atrapados en conflictos bélicos, y un entrenador que dirige a distancia por cuestiones de seguridad, Haití también encontró su lugar dentro de la nueva era globalizada del fútbol.

