
Lionel Messi jamás falla. Puede jugar mejor o peor, pero se debe al espectáculo y, sobre todo, al fútbol. Porque él es el fútbol. Este martes, en Auburn, su concierto no duró tanto como otras veces, pero congregó a más de 88.043 personas que llegaron desde cualquier sitio cercano (o no) a esta ciudad universitaria del estadio de Alabama para ver el triunfo amistoso de la Selección Argentina ante Islandia (3-0), desafiando primero al intenso calor y después a un diluvio desproporcionado que hacía mucho tiempo no ocurría en la región hasta poner en riesgo el partido.
Pero la Pulga todo lo vale. Si con 120 segundos dentro de la cancha llenó de recuerdos a todos los que estuvieron en el estadio Jordan-Hare. Tocó una pelota, fue un pase-gol a Lautaro Martínez, a quien el arquero nórdico le cometió penal. Y esa pesadilla que le había quedado en el recuerdo al capitán ocho años atrás en el debut del Mundial 2018, se cerró para siempre con un zurdazo alto y cruzado. Igualó su récord personal de velocidad de conversión: había tardado lo mismo en un amistoso en 2015 contra Bolivia (7-0), también en Estados Unidos.
El primer encuentro de fútbol de la historia de esta comunidad, para la que se trató de «El partido del Siglo», dejó el sello del mejor de la historia. Acto seguido, el rosarino que cumplirá 39 años en pleno Mundial y jugó su encuentro 199 con la camiseta de la Selección, hizo una de esas apiladas marca registrada de derecha a izquierda a puro amague pero no la devolución de Nicolás González le quedó demasiado atrás.
El 10 también fue partícipe necesario del tercero albiceleste, con un pase quirúrgico para Rodrigo De Paul para coronar una jugada colectiva con la idiosincrasia de la Scaloneta, que empujó desde el punto penal Thiago Almada.
Sus camisetas habían inundado las coquetas calles de Auburn desde muy temprano. «¿Juega Messi?», se le preguntaba a cualquier periodista argentino que entraba a comer, a comprar un souvenir o simplemente se le escuchaba hablar en español. Los poco más de 21 minutos que estuvo en cancha también dejaron un pase de espaldas increíble, levantando la pierna casi hasta la cabeza y tirando la pelota de sombrerito para «Toro» Martínez. Quedó claro que la sobrecarga muscular quedó bien atrás y está óptimo para debutar contra Argelia, cuando cumplirá su bicentenario de partidos en la Selección.
Y para ese partido puede estar tranquilo el entrenador Lionel Scaloni. No solo por el capitán. Sino porque el balance de los dos amistosos lo hizo sacar conclusiones más que positivas con todos los que conforman el plantel. Si hasta pudo probar Gonzalo Montiel, después del desgarro que lo había puesto en duda. Habrá que esperar a ver cómo responde en la recuperación.
Repitió el mediocampo de Honduras este martes y colocó a Nicolás Paz, recuperado del traumatismo que le provocó una fisura en el platillo medial de la rodilla izquierda. Fue Valentín Barco, otra vez, el destacado de un equipo que cuando hace mover la pelota es muy difícil de frenar.
Hizo el gol el «Colo», a los 8 minutos, con una volea ejecutada a la perfección desde el borde del área. Antes, Islandia había hecho temblar a Gerónimo Rulli cuando lo gambetearon a Giay y Ellertsson se lo perdió increíblemente en el segundo palo.
Manejó los hilos Exequiel Palacios -nuevamente-, Lisandro Martínez fue un baluarte defensivo -¿se mete como titular?- y Nico Paz demostró que puede ser el cambio de ritmo necesario para algún encuentro que se necesite destrabar o liquidar de contragolpe.
Scaloni metió mayoría de titulares en el complemento para buscar rodaje: Alexis y Lautaro tuvieron sus chances de gol pero el palo se las negó.
Messi dejó su huella, también, en Alabama. Ahora vendrá el momento de disfrutar y jugar su sexta Copa del Mundo, la de la despedida, pero que desea que sea además la de una consagración única.

