Salud mental, rencores y recuerdos: el actual diputado bonaerense muestra oficio narrativo y sensibilidad en su tercer libro.

“Como un fantasma gris, llegó el hastío hasta tu corazón, que aún era mío, y poco a poco te fue envolviendo, y poco a poco te fuiste yendo”: en 1943, José María Contursi escribió “Cada vez que me recuerdes”, un tango que se deshace en el arraigo emocional a la memoria de un amor, que sobrevive mientras aún pueda reconstruirse en el pensamiento. Esa premisa es la melodía del último libro de Oscar Liberman, homónima a la canción y resuelta a escarbar ya no sólo en la intimidad del sentimiento, sino también en las posibilidades del vínculo cuando el recuerdo se corroe de manera concreta.
“Fragmentos de escenas como latidos”: así habita el protagonista su pasado que siempre mantiene presente. Abogado, con todas las vidas que le permite una actividad laboral que le implica vivir entre Bahía Blanca y Buenos Aires, no puede evitar añorar sus recuerdos pese a que, cada vez que los sondea, las sombras se sobreponen a las luces. Aún así, ciertos rasgos de irreverencia y tendencia a la complicidad le permiten sobreponerse a sus inseguridades y hacer de su torpeza una carácter entrañable y optimista, disfrutando incluso de su evidente decadencia.
Son permanentes los desafíos que atraviesa el personaje para poder revivir esas memorias que aún lo encienden. Entre la nebulosa de lo etílico y la deformación que provoca la ansiedad de la duda, evoca esos momentos felices y traumáticos (“los recuerdos tienen sabor a infancia”), para buscar revancha -motivada por el deseo de lo pendiente- y así conseguir la mejor versión de sí mismo. Los personajes a su alrededor se lo reconocen y los rencores se disipan en despedidas dulces o reencuentros cariñosos.
Es evidente que no se trata de la primera novela del autor (es su tercer libro), que además es economista, músico y diputado provincial bonaerense. En su narración se expresa la sensibilidad para contar lo significativo de lo cotidiano, consigue la plena atención en los detalles que va sembrando y traza flashes visuales que el lector puede reconocer. Si bien aparecen clichés, los intentos de humor desatinado y una sobreexplicación de situaciones que -a lo largo del relato- lograba construir con sutileza, su fortaleza narrativa es la conducción del ritmo, entre respiraciones y calificaciones precisas. Es por eso que la historia transcurre con naturalidad, sin importar los cambios de tiempos y narradores.
Liberman estructuró una historia emotiva y reflexiva en donde trae con audacia una controversia conocida: si el enamoramiento ocurre en la mente o en el corazón. Los vínculos de la novela expresan que para las relaciones el amor no es suficiente, porque están hechos de dosis de paciencia, de gestos y de anticipaciones. El vértigo de un amor enloquecido necesita decisiones vitales en los momentos más difíciles, que construyen lazos que -esos sí- no pueden corromperse con el paso del tiempo. Incluso el autor les propone el obstáculo del padecimiento mental para consolidar su hipótesis: el romance puede llegar al estadío de lo irreversible. ¿Cómo no dejar conmoverse por esa idea?
Ficha técnica «Cada vez que me recuerdes»
Por Fernando Brovelli.-
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