Mafia china, motociclistas vestidos de cuero, escuchas telefónicas y algunos disparos. Esto es solo la superficie de “Los caminantes de la calle”, el tercer largometraje de Juan Martín Hsu, director argentino de origen taiwanés-chino, autor de “La Salada” y “La luna representa mi corazón”. Tras su paso por el BAFICI 2026, la coproducción entre Argentina y Perú se estrenará en las primeras semanas de julio.
Tomando como punto de partida una investigación judicial real, combina el thriller policial con el drama migrante y narra cómo una fiscal intercepta llamadas telefónicas de una red de crimen organizado que opera dentro de la comunidad china en Mendoza, en 2010. Con la barrera del idioma, intenta descifrar las grabaciones con la ayuda de un policía que viajó especialmente desde China para oficiar de traductor.
Entre mafias chinas y la figura del teléfono como arma
Protagonizada por Victoria Almeida y Chien Min Lee, la película sigue a la fiscal Diana Belenguer y al oficial Li. Mediante más de un centenar de horas de escuchas, juntos buscan exponer el funcionamiento interno de dos facciones mafiosas de origen chino que se disputan el control de una comunidad inmigrante marcada por el miedo y el silencio, entre extorsiones a comerciantes a cambio de protección, tiroteos en restaurantes y karaokes, y mujeres traídas desde China bajo engaño.
«Lo que me parecía interesante no era tanto la causa policial en sí, sino el tema de la escucha telefónica. Los fiscales y policías argentinos escuchaban esos materiales sin entender nada. Y había algo poético en la idea de un policía que viene de China que, en vez de usar armas, usara las palabras«, dijo Hsu en una conferencia en la que participó Ámbito. Pese a ser un policial, el film adopta un tono casi contemplativo con una historia que distribuye su atención entre múltiples personajes y tramas, donde el drama se cocina a fuego lento y la violencia aparece contenida.
El peso dramático está en las escuchas telefónicas y, sobre todo, en la figura del teléfono. Un objeto que genera suspenso y funciona como presagio de la violencia: cuando suena, algo terrible está por suceder. Esto se establece desde la escena de apertura, donde un llamado interrumpe la cena de una familia china en su restaurante. Cuando el padre levanta el tubo, una voz del otro lado le exige el pago de cincuenta mil dólares. Así, entre amenazas y silencios, hasta el desenlace fatal.
«El peligro es el teléfono, esa comunicación que van a tener. Para mí este thriller es más como un juego de autor que un policial en sí. Tratamos de no usar el elemento máximo de la violencia, que es el arma, sino los otros: una llamada, un diálogo, las palabras», completó el director.
El desafío del idioma y las vivencias propias
Uno de los rasgos más particulares de la película es que casi la totalidad de sus diálogos están en cantonés, un desafío que no solo recayó sobre el equipo técnico sino también sobre su protagonista argentina, que necesitó la ayuda de un coach. «Lo más difícil fue el tono. Todos los actores venían de un registro muy minimalista de expresión. Nosotros los argentinos venimos de los tanos y somos mucho más expresivos. Amalgamarme a ese registro fue muy difícil», reconoció Victoria Almeida, quien interpreta a la fiscal Belenguer y debió adaptarse a una gestualidad radicalmente distinta a la propia para integrarse al universo construido por Hsu.
Ese universo, además, se fue armando sobre la marcha en base a las experiencias tanto del director como de sus actores. Para Hsu, la inmigración no es un tema ajeno: forma parte de su propia historia y atraviesa toda su filmografía. Para esta película trabajó con actores no profesionales reclutados dentro de la comunidad china de Lima, con un guión que fue mutando a medida que avanzaba el rodaje.
«Fuimos buscando la película a lo largo de todo el proceso. No teníamos un guion férreo. A medida que aparecían los actores, los íbamos embebiendo con sus propias historias migrantes. Así, la película fue encontrando su propia vida», explicó Hsu. El resultado es un film que evita los estereotipos y se siente real, aunque con personajes que con el correr del relato se vuelven más importantes que otros.
La fotografía de Roman Kasseroller y la dirección de arte de Ángeles Garcia Frinchaboy cumplen un rol fundamental en puesta en escena. Los colores cálidos y las luces de neón que rodean a las mafias contrastan con las paletas frías ligadas a las fuerzas policiales, en una estética que por momentos remite al policial hongkonés, con ecos del cine de John Woo y otros pasajes más melancólicos e introspectivos cercanos a películas de Wong Kar-wai como “Fallen Angels” (1995). Una búsqueda atmosférica que, lejos de los excesos y en una escala local e independiente, logra dialogar con ciertas influencias del policial asiático.
Con todo esto, “Los caminantes de la calle” es un film difícil de encasillar. Una propuesta poco convencional y no muy explorada en el cine argentino, con la excepción de Mujer conejo (2013) de Verónica Chen, que también pone el tema sobre la mesa. En este caso, Hsu se aleja del ritmo frenético del policial para construir tensión a partir de las conversaciones y de esos momentos de calma que llegan después de la tormenta.
Ficha técnica
Título original: Los caminantes de la calle. Título internacional: Street Wanderers. Duración: 90 minutos. Idioma: español. País: Argentina-Perú. Año: 2025. Dirección: Juan Martín Hsu. Elenco: Victoria Almeida, Chien Min Lee, Andrés Alberto Tan He, Yuchen Che, Alex Kawen y León Yee. Guion: Juan Martín Hsu y Marcelo Pitrola. Fotografía: Roman Kasseroller. Edición: Ana Remón. Dirección de arte: Ángeles Garcia Frinchaboy. Sonido: Nicolás Torchinsky y Giovanni Rossi. Música: Mowat y Jorge “Awelo” Miranda. Produce: ProtonCine. Distribuye: Cinetren.
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