Ricardo Zielinski, el hombre que volvió para completar la historia más grande de Belgrano


El domingo 24 de mayo, Ricardo Zielinski vivió su propia revolución. Calmado, mientras sus jugadores lloraban de felicidad, el ‘Ruso’ se abrazó con sus colaboradores y sonrió. Sin estridencias. Porque siempre fue así, cultor del perfil bajo, hombre de templanza, sin grandilocuencias. Y hoy, a los 66 años, dejó claro que no necesita chupines ni trajes europeos. “Lo viejo funciona”, una frase que se popularizó a partir de la serie ‘El Eternauta’ podría cuajar perfectamente. Veterano de mil batallas, se dio el gusto de ser campeón con Belgrano en una final épica, un logro inédito para el club cordobés, potenciado por el rival, River ni más ni menos.

El Torneo Apertura fue el primer título de Primera División en los 121 años de vida de la institución del barrio Alberdi. Y Zielinski es el gran artífice de esta gesta. Porque no solo le regaló una estrella a Belgrano. Además, cerró un círculo perfecto que había comenzado hace tres lustros, cuando logró el ascenso a Primera en la Promoción, justamente ante River. Nadie olvidará aquel 26 de junio de 2011, cuando abrió una herida difícil de cicatrizar en la banda roja, que volvió a sufrir a su bestia negra.

“Esto es una locura. Se lo queremos dedicar a toda la gente, a la que vino y a la que no pudo venir. Fue emocionante ver cómo nos apoyaron, el esfuerzo que hizo todo el mundo. Fue maravilloso. Hemos venido para esto, para tratar de darle alegrías a la gente y, por suerte, lo hemos podido lograr”, dijo visiblemente emocionado en la conferencia de prensa.

“Volvimos para esto, para ver si podía dar una mano y regalarle un título a Belgrano. Lo que sí tengo la plena seguridad de que mi corazón se va a quedar acá para siempre. Siento una felicidad enorme porque estos jugadores acaban de meterse para siempre en la historia grande del fútbol de Córdoba”, agregó.

Dos luchas distintas

Sí, Zielinski tuvo dos etapas en Belgrano y todas quedaron grabadas a fuego en el corazón de sus hinchas. La primera, dicho está, por ese ascenso extraordinario. “Son partidos totalmente diferentes con gente diferente. Uno era una pelea por jugar en Primera y otro por salir campeón. Fue un partido muy parejo. Hay que disfrutar y valorar el rival. Lograr un triunfo y un campeonato ante un rival como River es meritorio”, enfatizó.

El Ruso volvió a Córdoba en febrero del año pasado para suceder a Walter Erviti, que apenas duró ¡4 fechas! Belgrano no pudo clasificarse a los playoffs en ninguno de los dos torneos de 2025, terminó en el puesto 20 de la tabla anual, pero se renovaron las esperanzas. A partir de una base que tuvo a jugadores experimentados y con sentido de pertenencia como Lucas Zelarayán (33 años), Emiliano Rigoni (33) y Franco Vázquez (37). Y otros que también tienen muchas horas de juego y se incorporaron con naturaleza al conjunto celeste: Leonardo Morales (35), Lisandro López (36), Lucas Passerini (31), Adrián Sporle (30) y el inefable Nicolás ‘Uvita’ Fernández (30), clave con tres goles, uno en el último instante ante Argentinos Juniors para forzar el alargue y un doblete frente a River para dar vuelta el partido en 3 minutos.

Un entrenador que se hizo de abajo

“Belgrano es sentimiento, pueblo. Todos queremos que le vaya bien. Hemos vuelto para esto y por suerte le dimos un título. Todos estos chicos quedaron en la historia del fútbol cordobés y eso está buenísimo. Está bueno que los equipos indirectamente afiliados a la AFA se den cuenta que podemos”, afirmó.

Zielinski se hizo de abajo. Fue un jugador humilde que se transformó en un entrenador legendario. Su recorrido es una lección de perseverancia, pertenencia y trabajo silencioso. Nacido el 14 de octubre de 1959 en Lanús Oeste, Zielinski debutó como mediocampista en San Telmo en 1979. Contó que en el ferrocarril Roca conoció a Diego Maradona, cuando uno se bajaba para tomarse el colectivo a Isla Maciel y el otro a La Paternal.

Su carrera en pantalones cortos transcurrió mayoritariamente en la B y en la C: Argentino de Quilmes, Chacarita Juniors -donde logró el ascenso a Primera en 1983 y jugó en la máxima categoría hasta 1985-, Deportivo Mandiyú, Deportivo Laferrere, Kimberley de Mar del Plata, Ituzaingó y Colegiales. Se retiró en 1992 sin grandes títulos, pero con una escuela de esfuerzo y sencillez que luego volcaría en los bancos.

En 1994 comenzó su carrera como técnico en Ituzaingó, su último club como jugador. Dirigió en el ascenso a San Telmo, Deportivo Morón, Defensa y Justicia, All Boys, Juventud Antoniana, El Porvenir, Temperley, Ben Hur y Chacarita, equipo al que ascendió a Primera en 2009.

Tras un paso por Patronato, en enero de 2011, llegó a Belgrano. El primer amor con el Pirata duró cinco años. En su primer ciclo al frente del Celeste, logró lo impensado: ascendió a Belgrano a Primera División. Luego vino una de las mejores campañas del club en la élite: segundo puesto en la tabla y la clasificación a la Copa Sudamericana 2013, el primer torneo internacional de la historia del conjunto cordobés. Dirigió más de 200 partidos, alcanzó las 100 victorias oficiales y se convirtió en el técnico más ganador y longevo de la institución hasta ese momento. Se fue en 2016, pero nunca dejó de ser “el Ruso de Belgrano”.

Después pasaron Racing, Atlético Tucumán, Estudiantes de La Plata, Independiente y Lanús. En todos tuvo campañas por encima del promedio. Pero ninguna como Belgrano, que el año que viene jugará la Copa Libertadores. Antes, claro, tiene la chance de ganar otro título local porque ya se aseguró un lugar en la final del Trofeo de Campeones.

Fuente: Agencia DIB

Fuente y Foto: DIB