
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que Irán deberá entregar de manera inmediata sus reservas de uranio enriquecido para su destrucción o aceptar su eliminación bajo supervisión internacional, en el marco de las negociaciones en curso.
A través de una publicación en su red Truth Social, el mandatario detalló cómo se llevaría adelante el proceso y planteó distintas alternativas para la disposición del material nuclear.
“El uranio enriquecido (¡polvo nuclear!) será entregado inmediatamente a Estados Unidos para su repatriación y destrucción”, sostuvo Trump.
“O preferiblemente en coordinación con la República Islámica de Irán, destruido in situ o en otro lugar aceptable, con la Comisión de Energía Atómica, o su equivalente, como testigo de este proceso”, agregó.
Previamente, Trump había revelado más temprano este lunes que solicitó a Arabia Saudita, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania que se sumen al esquema de normalización con Israel, mientras avanza en un entendimiento con Irán. Sin embargo, Pakistán ya rechazó la propuesta y el resto de los países no se pronunció públicamente.
“Solicito obligatoriamente que todos los países firmen de inmediato los Acuerdos de Abraham”, escribió el mandatario en su red Truth Social, donde también planteó que, si se concreta un acuerdo con Irán, sería “un honor” que esas naciones formen parte de una “coalición mundial sin precedentes”.
Según trascendió, la estrategia apunta a utilizar la negociación con Irán como plataforma para consolidar un nuevo esquema regional, aunque desde fuentes diplomáticas advirtieron que ambos procesos “no están interrelacionados y no pueden estarlo”.
Los obstáculos de la propuesta de Donald Trump
El planteo enfrenta fuertes obstáculos, sobre todo por el contexto de la guerra en Gaza, que mantiene elevada la desconfianza hacia Israel en buena parte del mundo musulmán. En el caso de Arabia Saudita, la normalización está atada históricamente a la creación de un Estado palestino.
A pesar de las dificultades, Trump aseguró que las conversaciones con Irán “progresan satisfactoriamente”, aunque evitó dar precisiones sobre un posible acuerdo.
La iniciativa generó reacciones divididas: mientras aliados como el senador Lindsey Graham la valoraron como una oportunidad de integración económica, analistas advirtieron que el plan podría intentar “vender el acuerdo con Irán como una secuela de los Acuerdos de Abraham”, en un escenario geopolítico todavía incierto, según publico Reuters.
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