Por Manuel Tejo, de agencia DIB.
En el inicio de la primavera de 1993, el profesor Sacha Kun Sabó hacía pocos días que se había mudado a la localidad de Ingeniero Maschwitz, en el distrito bonaerense de Escobar. Una mañana salió a trotar y al llegar a la zona de las calles Corrientes y Moreno identificó distintas capas de suelo en una zanja que había sido cavada por una máquina municipal. Al día siguiente volvió a ese lugar con quien era su pareja de ese momento para mostrarle cómo era esa formación y cuando estaba por salir del pozo identificó algo que, aunque todavía no lo sabía, iba a revolucionar al pueblo.
“Cuando estaba saliendo de la zanja me apoyé sobre una piedra para poder salir y cuando miré mi mano vi que la piedra era toda porosa. Obviamente era un hueso y tenía que ser algo marino”, recordó en diálogo con DIB Kun Sabó, profesor de Antropología y licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades, el momento exacto del hallazgo la ballena de Maschwitz. El descubrimiento que ocurrió 30 años atrás no fue de gran importancia científica, pero que tuvo un impacto social impensado en una localidad que en ese momento no superaba los 10 mil habitantes.
Según detalló la revista Día 32 de Escobar en una nota publicada en 2011, el hallazgo de la ballena fue el 21 de septiembre de 1993 y rápidamente convocó a los medios nacionales. Entre ellos, contó con la cobertura de los canales de televisión 7, 9, 11 y 13. El diario Clarín tituló en su tapa “Una ballena prehistórica en Maschwitz”. Kun Sabó relaciona la gran repercusión a la película Jurassic Park, que se estrenó en junio del mismo año. “Recuerdo una nota de la revista Caras que decía Jurassic Maschwitz. Era como el boom de los dinosaurios y todo el mundo estaba con eso, más allá de que lo que habíamos encontrado no era un dinosaurio”.

Una entre otras
Los fósiles encontrados en Maschwitz en 1993 son de una ballena fin (uno de los animales más grandes del mundo) y datan de hace unos 9.800 años. El profesor de biología Adrián Misantone explicó en el ciclo ADN Escobarense que “no es una ballena desconocida, sino que actualmente existe” y “que está distribuida en gran parte de mares y océanos del mundo”. En este sentido, señaló que el descubrimiento de 1993 “científicamente no aportaba demasiado, porque no es una especie nueva”.
El territorio de Maschwitz como muchos otros sectores de la provincia no siempre fue tierra firme. “Hay que entender que toda esta zona había sido de bañados, y anteriormente había sido parte del Río de la Plata, y anteriormente había sido parte de mar”, resume Kun Sabó la historia de miles de años de la región.
En esa línea, señala que barrancas como las de San Pedro, Campana o Parque Lezama (en la ciudad de Buenos Aires), entre otras, indican “que el mar llegó hasta ahí en un momento”. “En la zona de Maschwitz no hay barrancas, lo que marca que era una zona plana por lo que es muy probable que las ballenas quedaran varadas allí. Se supone, casi con certeza, que fue lo que sucedió”, explica.
Es que, la ballena de 1993 no fue la única hallada en Maschwitz. Kun Sabó cuenta que una paleontóloga había encontrado restos de ballenas en esa localidad en la década del 60 y que algunos vecinos recordaban una excavación. “Alguien después me comentó que haciendo un pozo de agua habían encontrado restos de ballena, en algún momento, cercanos a la plaza”, agrega.
Una patriada de la comunidad
“La importancia fue más social que científica”, subraya Kun Sabó sobre el hallazgo de 1993. De la excavación participaron alumnos del Colegio Carlos Maschwitz local junto a quien era profesor del Taller de Arqueología de esa institución, Oscar Trujillo. En el ciclo ADN Escobarense este último contó que “fue muy movilizador para los chicos porque estaban practicando de una experiencia de rescate de patrimonio” y lo tomaron “con mucha responsabilidad”.
Kun Sabó cuenta que el asunto de la ballena “se convirtió en una patriada del pueblo”. “Los vecinos traían comida y jugo, y los chicos venían a trabajar. Eran no menos 40 o 50. Salían del colegio, pedían permiso o venían directamente los colegios. Había un equipo de técnicos en arqueología, arqueólogos y profesores de historia de la zona”, recuerda. “Una vez que empezamos a excavar, empezaron a aparecer costillas. Hicimos un testigo estratigráfico de los distintos estratos”.
En los días del boom ballenero, en la zona cercana a la excavación no había lugar para estacionar. Hasta allí llegaban colectivos escolares de distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. “Se armó una romería general”, describe Kun Sabó. Y detalla que se vendían remeras, tacitas, choripanes y pochoclos. También arribaron científicos de Japón y Noruega. Y un día, con el fin de ver la ballena, aterrizó en Maschwitz un helicóptero del que descendió el entonces gobernador bonaerense Eduardo Duhalde.
La excavación duró hasta el mes de diciembre de 1993. Los investigadores y alumnos lograron rescatar unos 11 metros de la ballena que tenía alrededor de 40. En un principio quisieron llevar los fósiles al Museo de Ciencias Naturales Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires o al Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata. “Como la ballena en sí misma no era paleontológicamente tan importante y tenían muchos restos similares nos dijeron que no podían recibirla”, recuerda Kun Sabó. Y detalla que hasta donde él sabe la mayoría de las piezas están en el Museo Campiglia de Escobar.
Más allá del interés científico, el hallazgo de 1993 dejó una marca social fuerte en Maschwitz. Kun Sabó lo grafica con un dato llamativo: “En esa época se hacían cerámicos para indicar los números de los domicilios que tenían una ballenita tirando agua. Eso implicaba, en códigos del pueblo, que la persona que vivía en esa casa había estado trabajando en la ballena”. (DIB) MT
Fuente y Foto: DIB


