Escuchar a las putas


No soy muy original al reseñar el libro de una amiga querida. A tono con una época en la que los seres humanos parecemos haber pasado de ser sujetos consumidores a objetos consumidos, en la que hemos pasado de desear consumir a desear ser consumidos ­­(en Facebook e Instagram, en Twitter y Youtube, en Twitch y TikTok, en revistas digitales y también, todavía, en las librerías), en la que parecen importar más las personas o personalidades que lo que las personas producen, el mundo intelectual -así como el académico, el artístico y tantos otros- suele incurrir con frecuencia en amiguismos: se suelen editar, reseñar y elogiar libros no tanto por lo que dicen sino por quién los escribió. Se vende la persona del autor (o del influencer) más que lo que el autor produjo; importa más el elogio a alguien a quien, en el mejor de los casos, se quiere (o a quien, en el peor de los casos, conviene elogiar) que la lectura rigurosa y honesta del libro que la persona querida escribió.

Por suerte Putas. Erotismo y mercado (Síncopa, 2022), el libro que recientemente publicó Águeda Pereyra, es tan bueno y me gustó tanto que, aunque esté reseñando a una amiga querida, impide que incurra en amiguismos. Águeda tuvo la gentileza de escribir un libro riguroso y ameno que no sólo dan ganas de leer y de reseñar sino también de elogiar y celebrar aún si no le tuviera el cariño que le tengo.

Editado cuidadosa y bellamente, Putas es sin dudas un libro sobre prostitución/trabajo sexual, sobre feminismos y sobre política. Pero es antes que nada un libro sobre psicoanálisis. No solo porque la autora cite a Freud, a Lacan y a muchos otros psicoanalistas (junto a feministas, filósofos, militantes y referentes), sino y sobre todo porque es un libro atravesado por y que surge de la experiencia analítica. La experiencia analítica con mujeres que han ejercido y padecido el trabajo sexual, la prostitución y la trata, pero también de la experiencia psicoanalítica en general.

Se trata de un ensayo que no realiza meramente un recorrido por referencias teóricas acerca de su objeto (o, como mejor dice Águeda, su sujeto: “la puta en su aspecto más inapropiable”) sino que es resultado de una experiencia, de una praxis de la cual surge y que lo atraviesa desde el comienzo hasta el final. No es tan frecuente que alguien intente pensar lo que hace (y hacer lo que piensa), y ese es el esfuerzo que realiza la autora a lo largo de las páginas: pensar y cernir una experiencia (o varias experiencias: la analítica, la de la prostitución, la de la militancia, la de lo político) sin descuidar y preservando lo que esas experiencias tienen de impensable e incernible. En este sentido el libro muestra en acto que para hablar y pensar sobre la experiencia analítica no es indispensable y muchas veces no es necesario relatar de modo más o menos pintoresco e impostado casos y viñetas (ni, mucho menos, ventilar intimidades y anécdotas de los pacientes para buscar likes, clicks y ventas).

Putas transita y se sumerge en el pantanoso terreno de los puntos de encuentro y desencuentro entre el psicoanálisis, los feminismos y la política. La autora no teme ni elude embarrarse allí, en los puntos de cruce y de choque de esos lugares que funcionan como nombres del deseo que habita y motiva su ensayo (sus ensayos, sus intentos, sus invenciones). Al abordar la relación entre el psicoanálisis y los feminismos, entre el psicoanálisis y lo político, Águeda evita dos lugares comunes opuestos pero solidarios: no rechaza el “cobre” y el barro de la política en nombre de preservar el “oro” y una pretendida pureza del psicoanálisis, pero tampoco subsume ni reduce el psicoanálisis a ser un instrumento de otros campos del saber y de la acción. Habitar el difícil punto de encuentro entre discursos disímiles preservando la especificidad y la singularidad de cada uno de ellos, he ahí la apuesta y el deseo advertido que insiste en el libro.

Intérprete de la discordia, Águeda despliega los distintos y opuestos discursos (filosóficos, religiosos, militantes, mediáticos, ideológicos, en suma: políticos) en torno a la prostitución llevándolos a su límite, para mostrar su potencia y también sus imposibilidades. Extrae de cada discurso su núcleo de verdad y también sus puntos de fracaso, de detenimiento, de desfallecimiento. Y allí donde los discursos se detienen y encuentran su límite, sin clausurar el debate y las preguntas que con insistencia promueve pero contra el relativismo cínico que no distingue entre imposibilidades, la autora toma posición.

En algún sentido los interrogantes que se despliegan sobre la prostitución trascienden a la prostitución misma y se extienden a la estructura social en general y al orden capitalista en particular. No porque en ese régimen de “prostitución generalizada” que según Marx constituye el capitalismo todos seamos putas (jamás se niegan las condiciones de desigualdad, violencia sistémica y sujeción que en este orden recaen específicamente sobre algunos cuerpos -y no sobre todos-), sino por lo que la prostitución enseña de la estructura: lo que las putas nos enseñan sobre el cuerpo, sobre el sexo, sobre la lógica del mercado en la que estamos inmersos. Escuchar lo que las putas tienen para decir sobre problemas cruciales que conciernen a todo ser hablante y sexuado sin negar la particularidad y singularidad de su experiencia, tal es el propósito en apariencia modesto y sin embargo ambicioso que logra el libro.

Como en la praxis psicoanalítica y la ética que la orienta, Putas escucha y pregunta, vuelve a escuchar y vuelve a preguntar para, solo después de localizar en los dichos el decir (y lo imposible de decir), concluir. 

Fuente: ElPais Digital