En la edición matutina de Clarin, bajo el título «Los petiseros argentinos que la rompen en el polo chino«, el diario destaca en una entretenida crónica, el trabajo que realizan argentinos en el país asiático, entre ellos 2 madariaguenses. Se trata de Fernando Erreguerena y Claudio Barrientos.
Son cinco petiseros –los que “conectan” al jinete con el caballo– argentinos que viven y trabajan en Tianjin, una ciudad china de 15 millones de habitantes. Ahí se fundó hace ocho años el Tianjin Metropolitan Polo Club, uno de los clubes de polo más grandes de China, con tres canchas, 300 establos, un lujoso hotel y hasta doce restaurantes.
Tianjin –ubicada a treinta minutos de Beijing viajando en tren bala– es sólo una de las distintas ciudades chinas que en la última década sucumbieron ante los encantos del polo, un deporte que encandila a las clases altas y medias-altas en búsqueda de status. Y porque cuando se dice polo se dice Argentina, John Fisher, actual manager del Metropolitan, sólo aceptó hacerse cargo del club si “cada 23 caballos, podía traer a un petisero argentino”, refiere el diario Clarin.
“Fue así que comenzamos a llegar”, dice Claudio Barrientos, oriundo de Madariaga que vive y trabaja en el club de Tianjin desde diciembre de 2012.
“Tengo cuatro chinos a cargo que me ayudan con las tareas”
Cuenta el madariaguense mientras anota en una pizarra los nombres de los caballos que se deben preparar esta tarde. Los cuatro chinos lo miran concentradísimos y Claudio les da indicaciones en palabras sueltas que deja caer, a veces en un mandarín rústico, a veces en inglés.
Hablo muy poco chino; tenemos una comunicación muy rara, pero nos entendemos. Al principio fue muy difícil, pero lo bueno es que nosotros trabajamos a la par de ellos, para que copiaran y aprendieran. Hoy los chicos hacen todo solos y el caballo está perfecto. Imaginate que algunos tienen religión árabe y escriben de atrás para adelante, otros son chinos y otros son mongoles, que escriben de arriba para abajo. Era un lío, no podían ni leer una lista, pero ahora nos entendemos bárbaro”, explica Claudio.
Fernando Erreguerena
El Club Metropolitan tiene actualmente unos 160 caballos traídos de Inglaterra, Nueva Zelanda, Australia y Argentina. “Los caballos de genética argentina son indudablemente los mejores”, detalla Fernando Erreguerena, también nacido en Madariaga, quien llegó a Tianjin en 2012 trayéndolo a Claudio, ambos compañeros del club La Herradura de Pinamar.
“Durante mucho tiempo la Asociación Argentina de Polo seleccionó yeguas para lograr crear a la cría perfecta. Hoy tenemos el caballo ideal para jugar y por eso somos reconocidos en el mundo”, agrega Fernando, ya vistiendo su pantalón blanco, mientras se acomoda las botas de montar.
A diferencia de Argentina, como en China no hay aún una gran cantidad de jugadores de polo, los petiseros tienen la oportunidad no sólo de cuidar a los caballos, sino también de hacer pequeños torneos amateurs y “despuntar el vicio” de jugar.
“Me encanta trabajar con caballos, pero poder jugar es lo que más me gusta y creo que por eso me quedo en China”, cuenta Agustín Calvo (“Mono”, para sus amigos) que llegó a Tianjin hace casi cinco años, también gracias a Fernando. “Mono” tiene 31 años y es oriundo de Vivorata, un pequeño pueblo cerca de Mar del Plata. Sus primeras incursiones con los caballos empezaron en un club de la ciudad costera, luego siguieron en Inglaterra, Nueva Zelanda y ahora China.
Entre los espectadores del torneo próximo a disputarse, está Eduardo Novillo Astrada, presidente de la Asociación Argentina de Polo, que viajó especialmente a China para presenciar la competencia. “Fui invitado por el embajador y para reunirme con la empresa china Fosun. Vamos a firmar un acuerdo para desarrollar el polo acá en China, que hoy es chico y muy concentrado. La idea es hacer centros de entrenamiento públicos que tengan todos los niveles en diferentes ciudades. Eso va a requerir muchos insumos, caballos, jugadores, mano de obra argentina, es una gran oportunidad.”
“Puedo estar en cualquier lugar del mundo porque me encanta lo que hago. Acá el trabajo esta bárbaro, estamos tranquilos. Nos pagan bien, nos dan un departamento. Nos llevamos bárbaro y eso ayuda muchísimo”, dice Hugo. “Somos argentinos y somos amigos. Eso hace las cosas mucho más fáciles.”