Copa Libertadores final hoy 16 hs: Clásico BOCA – RIVER


Es la primera vez en la historia de la Copa Libertadores se enfrentan dos equipos argentinos con la rivalidad que existe entre River y Boca.

Ambos llegaron a la final de nuestra Champions. Este acontecimiento que debería llenarnos de orgullo, que deberíamos poder disfrutar por la trascendencia mundial que significa para nuestro fútbol, se ve empañado por el deterioro de una época en la que del folklore pasamos a las agresiones. Hay medios de comunicación y periodistas que están promoviendo un mensaje negativo acerca de la participación de los dos máximos exponentes del fútbol argentino en esta final.  No le hace bien a al fútbol que  se diga que el equipo que pierda la final va a quedar condenado de por vida. Se trata de un partido de fútbol de prestigio, para el cual  los futbolistas se deberían poner un smoking para representar dos camisetas emblemáticas y defenderlas con honor, respeto y buen juego.

Este partido no es el partido de sus vidas. En la historia ha habido y perdedores que han quedado en la historia también por el gran espectáculo que ofrecieron a pesar del resultado. Y cayendo los futbolistas se pongan cada uno la camiseta que les toca representar, tanto los de River como los de Boca, me gustaría que lo hagan desde el disfrute de  defender nuestra historia. Con respeto. Aunque se juegue un partido intenso y diputado. Que se dejen en el vestuario la trampa, la mentira y las simulaciones, porque siempre se puede rescatar desde el honor ante cualquier adversidad a dos de las más grandes instituciones del fútbol argentino.

Ni River ni Boca llegan uno más que otro como favoritos. Ninguno está atravesando su mejor momento futbolístico. Pero en estos partidos poco importa como llegan, tampoco los antecedentes. Se trata de partidos especiales. Es patético hablar de fracaso porque se pierde un partido. Uno fracasa cuando traiciona el honor del futbolista por no participar de un encuentro con esta envergadura con la responsabilidad de la representatividad que requiere el escenario y las circunstancias. Y deseo que jugadores y los entrenadores defienden con hidalguía el la oportunidad de esta gran final, y que podamos recordarla como eso, una gran final entre los dos máximos exponentes del fútbol argentino.

Es una final de Copa Libertadores que se juega la primera vez además con la particularidad de que los finalistas derrotaron a rivales históricos como los son los equipos brasileños, que llamativamente jugaron a no dejar jugar, y fueron superados con fútbol.

Seguramente los condicionará a los dos la ansiedad. Influirá todo lo que se habla. Pero los dos equipos están capacitados para ofrecernos  un buen espectáculo.

Los entrenadores tienen una enorme responsabilidad por el tiempo que llevan al frente de sus equipos. Porque se trata de dos entrenadores exitosos con la particularidad además de haber sido Idolos en los equipos que dirigen y haber conocido en carne propia como se juega un clásico. Tienen la gran oportunidad de dignificar nuestro trabajo.

Hay dos maneras de que se recuerde en la historia este clásico: por dos grandes equipos que  ofrecieron un espectáculo digno o por dos equipos mezquinos, que se dejaron arrastra por los  espantos de un sector minúsculo que habla de ganar o morir como si fuera la guerra. Ojalá hablemos después de la final, de una final a la altura de la historia de dos grandes del fútbol argentino.

UN CLÁSICO SIN PÚBLICO VISITANTE.

Lamentablemente el fútbol argentino no está preparado para el regreso de los hinchas visitantes por los reiterados hechos de violencia. Se necesita una política para erradicar a los violentos que hoy no se esta realizando. No era momento para debatirlo y ninguno de los dos equipos lo necesita económicamente. A partir de un comentario del presidente de la República se evalúo la posibilidad aunque era inviable. No tiene nada que ver. Esto es un tema del mundo del fútbol. Y si se quiere debatir, el debate debe llevar otros tiempos.  Cualquiera de los dos equipos deberían necesitar para esta final estadios de 200 mil personas. Hablar del regreso de los visitantes para este partido significa una provocación.